Los partidos de futbol terminan, pero hay quienes llevan la rivalidad deportiva fuera de la cancha y la transforman en comentarios de odio, de racismo y xenofobia, que trascienden a la esfera pública internacional. Tras el juego de balompié que ganó Francia y dejó fuera a Paraguay del Mundial, la senadora paraguaya Celeste Amarilla despotricó en redes sociales contra el futbolista francés Kylian Mbappé, quien anotó el penal con que ganaron.“Bruto no aprendió ni a escribir, en vez de leche materna chupaba cocos y lo más instruido que escucho eran chimpancés. Le hubieras mostrado el dedo Orlando Gill, yo lo hago en el senado y no pasa nada”, publicó en su cuenta @CelesteSenadora en X, haciendo referencia a que Mbappé ignoró al portero paraguayo Orlando Gill al terminar el partido.Su post podría haber quedado como una desafortunada opinión, salvo que se trata de una funcionaria pública insultando y emitiendo comentarios racistas contra un jugador internacional. Las palabras importan. Y quienes ocupan posiciones o espacios de poder deberían comprender el peso que pueden tener sus palabras.El futbolista le respondió en un post, junto a una foto de la senadora: “Madame Celeste Amarilla, usted es una mujer despreciable e indigna de su cargo. Usted no representa al Paraguay, ese país que ha exudado pasión y honor a lo largo de toda la competición. Por su inconsciencia y su racismo sin complejos, el mundo entero ya ha olvidado el recorrido y el esfuerzo histórico que sus jugadores lograron durante esta Copa del Mundo, dejando paso a una dama incompetente que ofrece la peor imagen posible de su país”, escribió desde su cuenta @Kmbappe en X.Y el pleito escaló. El Gobierno de Paraguay emitió un comunicado rechazando los comentarios de la senadora y la ONU los calificó de “despreciables”, además de “racistas y deshumanizantes” (en su cuenta de X @UNHumanRights).En un intento por reconducir la discusión y utilizando el feminismo como escudo, la senadora emitió un comunicado acusando al futbolista de “violencia de género” por llamarla “despreciable e indigna de su cargo” y exigiéndole disculpas a Mbappé (Sería importante diferenciar cuando la crítica es por ser mujer y cuando eres cuestionada por lo que dices).Cualquier persona tiene derecho de emitir sus opiniones, pero es irresponsable y deleznable convertir el deporte en discursos de odio, que fomentan la violencia y la desigualdad. Algo similar sucedió con el periodista Eduardo Feinmann que, durante un programa televisivo, dijo sobre la afición de México: “detesto a los mexicanos, los detesto con toda mi alma. La envidia que los mexicanos le tienen a los argentinos... no solamente en el futbol, en todo. Quieren ser como nosotros”. Sus redes sociales se llenaron de reclamos e indignación, y el argentino terminó pidiendo disculpas públicas y afirmando que se trató de un “malentendido”.Tras el silbatazo final, las rivalidades entre equipos deben quedarse en las canchas. Las expresiones de odio y racismo jamás deben tomarse como broma, ocurrencia u opinión políticamente incorrecta. En ningún contexto. Hay que saber cuándo soltar el micrófono o el celular y callar.