Las marcas de autos tienen su personalidad propia y todos lo sabemos. Claro que la visión individual que tenemos de ellas no siempre corresponde a la colectiva y, con cierta frecuencia, tampoco corresponde a lo que la marca quiere transmitir. Hay casos también en los que esa personalidad cambia, sea porque el tiempo causó ese cambio o porque factores externos lo produjeron, pero es un hecho que pasa, y más que nada cuando no se trata de un cambio programado. Un caso muy específico, en mi opinión, es Suzuki.Existen marcas serias, como Mercedes, que parecen ese señor que usa pantalón de vestir, camisa de manga larga, zapatos y cinturón impecables. Es alguien que se ve confiable, serio y competente. O parecía antes de hacerse cirugía estética y usar ropa de menor calidad.Por otro lado, una que era muy juvenil y alegre, como esos amigos con los que quieres estar al lado en la fiesta, era Mazda. Pero ese amigo maduró. Fue como si hubiera hecho una maestría en Ciencias de la Educación en la Universidad de Hiroshima, después de la cual se hizo más refinado, más callado. Aún es agradable estar a su lado, hasta porque uno también cambia, madura y ya no disfruta las mismas cosas. Cuando Suzuki decidió salir de Estados Unidos en 2012 -lo que se hizo efectivo hasta que terminó su inventario en 2013-, muchos en México pensaron que la marca nipona también se iría de México. En Estados Unidos, sus ventas bajaron mucho desde la crisis de 2008, al punto de que decidieron salirse. El tema es que ya no tenían los productos adecuados para ese mercado. Pero para México tenían justo lo que se requería: autos compactos, de precio contenido, fiables, de bajo peso y con motores turbo que compensaran la altitud de muchas de sus grandes ciudades.La marca sorteó muy bien, aquí, estos años desde la salida del vecino del norte. Trajo nuevos y exitosos productos, como el esperado Jimny, la Ertiga y el Ignis. Pero las cosas siguen evolucionando y la marca, aparentemente, no tanto. Los problemas de emisiones con sus motores turbo los sacaron de Europa -a los motores, no a la marca-, y está pasando lo mismo en India. Rebautizaron esas máquinas, conocidas como BoosterJet y ahora como BoosterGreen. La parte “green” se percibe: bajo peso, poca potencia, menos emisiones. El “boost”, al menos dinámicamente, es solo mercadotecnia.Fueron desapareciendo vehículos como el Ignis, que en su momento usó la inteligente estrategia de nombrar un hatchback como “micro SUV”, creando esa aura aspiracional. Suzuki también percibió la necesidad del mercado familiar con la Ertiga, que a la fecha se vende bien. Pero ninguno de esos modelos ofreció nunca buena seguridad, casi siempre limitada a dos bolsas de aire y ABS, mientras rivales como Honda y Mitsubishi subieron a al menos seis bolsas y ESP.Suzuki lanzó Fronx y Dzire, que no se venden mal, pero no compensan el volumen del Ignis. El Swift perdió la versión turbo de 1.0 litros e incluso el venerado y divertido Swift Sport no logra vender su inventario antes de despedirse, lo que es una pena. Es un gran auto, con un manejo más alegre que una noche de sábado, lo que nos hace perdonar los acabados poco afortunados. Pero, con un precio equivalente al del más potente, moderno y refinado Ibiza de 150 HP, necesitas ser un “Suzuki lover” para comprarlo. Por el tiempo que intentan vender sus últimas unidades, creo que no hay tantos de esos.De lo divertida que era también en mercadotecnia, con anuncios como “Ibiza y Rio son bonitas playas”, pasaron a lo aburrido de invitarte a los partidos de Pumas, con todo el respeto que me merece el equipo. En los primeros siete meses del año vendieron inventario comprado antes de que sus aranceles subieran de 20% a 50%; ahora, a ver cómo la hacen con vehículos como el Across, con 102 HP por 520 mil pesos.De ser una opción alegre y simpática, hoy es solo una marca más. En la segunda mitad del año, sin planta, con motores demasiado chicos y un precio ya no tan atractivo, la receta está puesta para que pase lo mismo que pasó en Estados Unidos. Ojalá y me equivoque, porque la extrañaría. Mejor dicho, hoy, incluso con ella aquí, ya la extraño. Pero extraño la Suzuki de hace cinco o seis años. La de ahora es solo un sushi con curry que llega a tu casa traído por alguien en una moto Italika.