En principio los reclamos sociales buscan tener el recurso de la exposición de sus inconformidades por medio de mitines y manifestaciones colectivas frente a la autoridad, pero generalmente de manera pacífica.Si puede surgir la opción de que se transforme en forma agresiva, si las emociones que tiene el grupo se sienten agredida o impedidas para ejercer sus derechos.Sin embargo lo más frecuente es que dentro de la protesta se infiltren algunas personas que ya llevan la intención marcada de provocar violencia, especialmente ante las fuerzas policíacas o de seguridad, y entonces desencadenar un tumulto ya marcadamente agresivo y descontrolado.Esta conducta es muy evidente ante los ojos de la psicología política. La intención es distinta a la que los organizadores de la marcha han manifestado, y el brote de provocar a las fuerzas públicas, es clara y muy obvia.Las motivaciones originales son distintas, unos realmente desean expresar su derecho a la inconformidad o al incumplimiento de las leyes y servicios y los otros a generar un zafarrancho agrediendo directamente a las policías.Los agresores van a encender la llama de la discordia y la confrontacion y ese propósito es lo único que les importa. Por ello muchas veces surgen de manera incógnita y hasta con el rostro cubierto, revelando qué no desean ser identificados, y así operar de manera clandestina. Al fin y al cabo se van a perder dentro de la masa de los manifestantes y huir cuando ya han logrado su objetivo.Este grupo de esbirros y militantes de la violencia, suelen ser pagados y contratados específicamente para crear el caos dentro de una supuesta expresión pacífica.Muchas veces no se sabe exactamente que consigna llevan o instrucción en particular, pero si están cumpliendo con una tarea. Usualmente es desestabilizar a un gobierno, desprestigiar a una autoridad y hasta desactivar la voz del pueblo y hacer verlos como un grupo agresor en vez de una protesta legítima.Es una vieja práctica clandestina el contar con este recurso, que poseen los diversos poderes, para generar desconcierto e inculpar a inocentes en actos ilegales.Hace muchos años fui testigo de cómo un grupo de esbirros fue contratado, para generar un martir en una huelga hacia una empresa y así despojar a los dueños de su prestigio y estabilidad. La muerte de un huelguista fue suficiente para que la empresa tuviera que doblar las manos ante los reclamos del sindicato.Consideremos finalmente que las manifestaciones pacíficas qué se convierten en violentas, suelen ser provocadas por los intereses creados para aprovechar el momento y desprestigiar a una autoridad o a un grupo específico.Hay que saber distinguir la verdadera intención de fondo, a los pacifista qué protestan, de los provocadores de la violencia infiltrados.dellamary@gmail.com