Lunes, 02 de Febrero 2026

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Carpe diem

Por: Eugenio Ruiz Orozco

Carpe diem

Carpe diem

En memoria de los soñadores que cruzaron la frontera y han sido victimados por el ICE.

Sobran argumentos para decir que los tiempos que vivimos no son los mejores. Nos encontramos en medio de una violencia sin precedentes. Incontenible. En lo internacional, estamos amenazados por el presidente de la nación más poderosa de la historia, quien soporta sus diatribas en un Ejército con bases militares a lo largo y ancho del globo terráqueo. La política del “Big Stick” (gran garrote) renace con una fuerza inusitada. 

En lo interno, estamos envueltos en un entorno inseguro, hostil, intolerante y agresivo. Lo sucedido en Salamanca hace poco más de una semana, y permanentemente en todas las regiones del país, aquí mismo, es consecuencia directa de la impunidad prohijada desde el Gobierno; es producto de la política de abrazos y no balazos.

Frente a esta realidad, y precisamente por ello, es importante no perder de vista la precariedad de “nuestro” tiempo, de ese brevísimo espacio del que disponemos para “vivir”. ¡Sí, para vivir! Porque vivir no sólo es respirar, alimentarse, moverse y transitar de un lado a otro. Vivir es ser y estar aquí y ahora. Vivir es llenar de significado la maravillosa oportunidad de pensar, compartir, amar. El tiempo es agua que escurre entre nuestras manos.

La vieja locución latina acreditada a Horacio, uno de los más grandes poetas de la humanidad, carpe diem, “vive ahora”, inspiró el largometraje “La sociedad de los poetas muertos”. La película es un llamado en contra del conformismo, la inercia fatalista de que nada podemos hacer frente a una realidad opresiva, castrante e inevitable. Nuestras civilizaciones, algunas de ellas milenarias, son el mejor ejemplo de que hemos llegado hasta este punto de la historia porque nuestros ancestros superaron todo tipo de miedos, retos y acechanzas. El pasado es un grito a nuestra conciencia para intentar, como lo hicieron las generaciones precedentes, construir un mundo mejor.

En el mismo orden de ideas, hay una película que nos recuerda la perentoriedad a la que estamos sujetos y la frecuencia con la que, ilusamente, suponemos que viviremos para siempre. La película se titula “Antes de partir” y es la reseña de dos personajes con padecimientos terminales que coinciden en un hospital. Uno rico, propietario del nosocomio, y el otro sin recursos económicos, quienes deciden cumplir sus “pendientes”. Cada uno de ellos elabora una lista que trata de hacer realidad en los días que les restan de vida. Obviamente, no les ajustó el tiempo, “su” tiempo.

Los tiempos que vivimos no son los mejores, dije, pero ¿tenemos otros? ¿Acaso estamos en la posibilidad de elegir aquel en el que nos gustaría vivir? La virtud está en encontrar, incluso en la desgracia, un espacio de inspiración y de realización positiva. Una entrañable amiga alguna vez me dijo que la felicidad está hecha de momentos. El tema es si somos capaces de vivirlos o los dejamos alejarse para nunca volver. Todo en la vida es transitorio, sólo Dios es eterno. No dejemos ir la oportunidad de ser razonablemente felices. Carpe diem.

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