Miércoles, 28 de Septiembre 2022

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Una grieta difícil de colmar

Por: Martín Casillas de Alba

Una grieta difícil de colmar

Una grieta difícil de colmar

Tal vez una de las grietas más difíciles de colmar es aquella que se produce cuando dos personas se encuentran gracias al “azar objetivo”, ese azar que definió Octavio Paz después de haberse encontrado con Marie Jo en la India y, a partir de ese encuentro, vivir juntos, enamorados por el resto de sus vidas, todo lo contrario de lo que sucede en la película de Wong Kar-Wei, In the Mood for Love (2000), o Deseando amar una película sin guión, improvisada cada escena, sabiendo que se trataba de un amor reprimido donde se contienen tanto Maggie Cheung como Su Li-zhen, la señora Chan, una belleza china y Tony Leung como Chow Mo-wan, impedidos por las circunstancias o por un corazón que no tiene la fuerza necesaria para arriesgarse a pesar de los ojos luminosos y unos labios que, a veces, sonríen.

Se encuentran cuando se mudan a dos cuartos vecinos en una misma casa. Suben y bajan escaleras donde se cruzan, se tocan y establecen una relación que apuntala la música de Shigeru Umebayashi con las cuerdas que tañen y acompañan al violín que se lamenta, pues, como dijo Marlowe: “¿quién que haya amado, no lo ha hecho a primera vista?”, tal como creemos que sucede en este caso, cuando el destino les ofrece un encuentro inesperado, único, mágico.

La música de Umebayashi está atiempada al espíritu de la obra en donde el violín se lamenta por el deseo reprimido de ella o de él o de nosotros o simplemente resulta una queja desolada por la imposibilidad de satisfacer sus deseos, porque no tuvo la fuerza para desnudarse y entregarse, sin hacer a un lado lo demás para saltar al vacío producto del amor, aunque luego se lo cobre a lo chino. Pero el lamento del violín se debe a la tensión sexual que paga con la soledad y la nostalgia por no haber acatado el momento. 

Hace años vimos esta película. Desde entonces quedó almacenada en el cajón del subconsciente junto con otras historias de amor que tanto nos gusta recrear. De pronto me acordé de ella pensando que, en la virtud, como en el pecado, está la penitencia. Por eso vemos cómo sufre él por no haberse atrevido... y la música vuelve a entrar de golpe y enfatiza su lamento con una melodía circular que se nos pega a la camisa.

Estamos en Hong Kong en la década de los 60, cuando era una ciudad oscura; estamos en esos dos cuartitos miserables como sus vidas: él es periodista y ella, secretaria de una agencia de viajes. Los dos se encuentran en las escaleras o en la calle mientras llueve a cántaros. Dos almas que se necesitan.

—Y si hubiese un boleto de más, ¿vendrías conmigo?

Cuando ella camina con su vestido de cuello alto, forrado, delineando su cuerpo con todo en su lugar, todo se ilumina; un vestido florido; otro, blanco y negro, siempre elegante no importa si va a comprar su cena de tallarines a una fonducha mientras los vecinos chismorrean y juegan mahjong toda la noche. 

Wong intercala en esta historia tres canciones en español interpretadas por Nat King Cole, como las que oía en su adolescencia en Hong Kong: Te quiero dijiste, Aquellos ojos verdes y Quizás, quizás, quizás que viene a cuento por aquello de que “siempre que te pregunto que cuándo, cómo y dónde, tú siempre me respondes quizás, quizás, quizás…”

Domina la belleza de esta mujer mientras seguimos la historia de amor reprimido hasta el final, cuando él cubre las noticias en Camboya y lleva a cabo una vieja tradición: murmura su secreto en el hoyo de un árbol que luego tapa con lodo para seguir vagando solitario, alimentado por la nostalgia. 

En cambio, ella mejora su condición y, al final, ella ocupa toda la casa, gira órdenes y un niño le toma de la mano antes de salir a la calle. Así es esta historia de amor.

malba99@yahoo.com

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