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Transporte que se lo lleva el diablo

Anda como que se lo lleva el diablo, decían en los ranchos cuando alguien iba demasiado a prisa o sin control. Eso, que creíamos una metáfora, le sucedió al chofer del tráiler que terminó embrocado en el foro del Parque Mirador Independencia, al final de la calzada del mismo nombre. En sus imaginerías por consumo de drogas, lícitas o no, da igual, se le apareció el diablo. Él lo vio y en su alucine huyó hasta caer en el parque. Por suerte para todos esto sucedió en la madrugada, cuando había poca gente circulando en la Calzada Independencia y nadie en el parque, lo que evitó una verdadera tragedia.

Más o menos a la misma hora, en otro punto de la ciudad, a un taxista que salía de la central camionera con pasaje se le cerró un camión, un cerrón normal en un punto complicado de manejo como lo es el entorno de la terminal. Sin importarle el pasaje, el taxista se bajó para agarrarse a golpes con el chofer del camión. No pasó a mayores porque el segundo no se bajó, solo se limitó a golpear al taxista desde arriba. Eran las cinco de la mañana, el taxista que seguramente no había dormido en horas estaba más trincado que un tensor de poste de luz.

El consumo de drogas, insisto, ilícitas o de farmacia, entre los choferes es un asunto que en el gremio se ve como normal pero que no lo es. Mantener a los choferes despiertos a base de anfetaminas u otras drogas es un factor de riesgo cada día mayor. Las condiciones laborales de los choferes, que tienen que manejar más de seis horas para sacar un sueldo o una comisión que les permita vivir, es cada día más una causal de accidentes.

No es un tema que se pueda dejar a la autorregulación por una sencilla razón: se pone en riesgo vidas de otras personas. Un auto, no digamos un tráiler, es un arma mortal en potencia y conducirlo implica una responsabilidad que va más allá de tener o no una licencia para hacerlo. Este problema no se soluciona regulando a los choferes sino a toda la industria del transporte (ahí está desde hace años la discusión de los dobles remolques) y las condiciones de trabajo.

Al chofer del tráiler lo venía persiguiendo el diablo. A miles de inocentes cada año se los lleva el diablo por la falta de control y la irresponsabilidad de todo un sistema. Y si la excusa es la de siempre, “vamos a perder competitividad”, entonces siempre será mejor perder competitividad que vidas.

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