Lunes, 20 de Septiembre 2021

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“Terrible depresión”

Por: Carlos Enrigue

“Terrible depresión”

“Terrible depresión”

Pues aquí me tiene, terriblemente deprimido, pero no crea usted que es por la soledad provocada por la pandemia; no, en mi caso es más grave, ya que he descubierto, después de sesudos análisis, que no estoy en ninguna de las listas de personas vigiladas por el sistema israelí Pegasus. Es horriblemente dramático ser tan poco importante, que no te incluyeron en los 50,000 vigilados; es terrible.

Me pregunto si este hecho no es discriminatorio, me pregunto dónde están los defensores de los derechos humanos; no pregunto por qué no me incluyeron, porque sé que es porque mis actividades provocan poco interés y si me vigilaran, yo creo que al que le tocara, se daba la aburrida de su vida. Pero sí se siente uno mal: ¿por qué fui excluido?, ¿tendré que salir a robarle la caja chica a algún paletero para que les interese vigilarme?

Yo nunca he visto la mañanera ni la pienso ver, pero a la mejor lo que me hace falta es criticar al presidente con o sin razón, o dígame usted qué es lo que necesito hacer para ser vigilado, cuál es el crimen que he cometido para ser excluido de tan selecto grupo, o sea 50,000 vigilados es, yo creo, los que le caben al estadio Jalisco, más de dos veces llena la plaza de toros o, tal vez lo que necesito es lanzarme con alguna influencer o como se llamen, para que en las redes me haga popular. Espero, sinceramente sus comunicaciones y su consejo para ser registrado como sujeto investigado.

Pero no nada más eso, la peor depresión es que hay un sistema de vigilancia estatal, que se desconoce el número de vigilados, pero en el que tampoco estoy, y aquí sí duele porque ya que te ignoren en lo federal, pues puede uno explicárselo, pero en casa no ser vigilado quiere decir que tú te mandas solo tus tarjetas de navidad y te das regalos de intercambio navideño tú solo, porque nadie, pero nadie, te va a pelar.

No sé si para que Derechos Humanos atienda mi solicitud necesito crucificarme en frente de su edificio o quemarme como bonzo, aunque eso está caro por el precio de la gasolina; además de que ya no sé ni quién es el nuevo becario de esa comisión. Aunque podría resultar que como no soy un delincuente de categoría, los derechos humanos no se aplican en favor de raterillos. Pero podemos definir discriminación como ser excluido de donde están vigilando a todos los importantes. Igual soy discriminado del grupo de millonarios, que también se creen mucho y no me dejan entrar, a la mejor porque no tengo dinero, pero piensen ustedes en mi terrible soledad en estos momentos y no se preocupen por mi vida, porque no intento suicidarme, pues el suicidio es un grave problema para la digestión.

De tal manera espero de mi solitario lector algún consejo y si tuviera la suerte de que alguno de los espías oficiales leyera esto, me incluya dentro del sistema, cuando menos para protestar.

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