Miércoles, 01 de Febrero 2023

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Tanto ruido y al final

Por: Diego Petersen

Tanto ruido y al final

Tanto ruido y al final

… y hubo tanto ruido que al final llegó el final
Joaquín Sabina

¿Por qué nos peleamos los mexicanos y con quién? Hay tres causas principales por los cuales solemos agarrarnos a gritos, golpes o mentadas: el ruido, la basura y el estacionamiento del coche. Si estas tres cosas suman una tercera parte de los conflictos, no es extraño que siete de cada 10 broncas sean nada menos que con los vecinos.

El ruido es la principal causa por la que los vecinos se enfrentan entre ellos. Y no es extraño, pues nada hay más desagradable que escuchar la música o el ruido de otro. Nadie tiene derecho a decirnos qué tenemos que ver, o que debemos comer. Tampoco qué tenemos que escuchar. En el espacio público no hay remedio. Tenemos que ver lo que hay en la ciudad. Hay que pelearnos por supuesto para que la ciudad esté cada día menos contaminada visualmente, pero no podemos evitar ver cosas que nos desagradan, desde un espantoso espectacular hasta una casa fea. Así es, ni modo. Lo mismo con el ruido: es inevitable que en el espacio público escuchemos los ruidos del camión que va adelante, la ambulancia que atraviesa o hasta la pésima música del carro de un lado en el semáforo. Lo que sí se puede evitar son los negocios que sacan bocinas a la calle, pensando que así atraerán más clientes. Pero en mi casa nadie puede decirme qué debo hacer, por lo mismo ningún vecino puede imponerme lo que debo escuchar. El problema del sonido es que se escapa; el sonido viaja y va creando conflictos por donde pasa. ¿De quién es responsabilidad atraparlo? Sin duda de quien lo emite. 

El problema del sonido es que se escapa; el sonido viaja y va creando conflictos por donde pasa. ¿De quién es responsabilidad atraparlo? Sin duda de quien lo emite

A lo largo del año se ha discutido crear una ley de ruido y reglamentar de manera clara en los ayuntamientos los niveles dentro de los cuales se debe mantener el ruido en una casa o un negocio. Yo diría que en realidad de lo que se trata es del derecho a la paz. Ni modo, hoy vivimos muy apretados, los departamentos tienen vecinos a los lados, arriba y abajo. Para muchos esa condición implica acostumbrarse al ruido, “cómprate unos tapones y relájate” suele ser la recomendación a los quejosos. Está bien, pero eso no basta. No se trata solo de dormir bien sino de estar bien. 

Normar el ruido es indispensable para la calidad de vida de la ciudad. No se trata de matar el derecho al esparcimiento, que es otro elemento fundamental en la calidad de vida, sino de ser responsables con la comunidad, que nuestras acciones no molesten a los demás. Parece muy sencillo, pero no lo es. No es gratuito que con tanto ruido al final éste resulte el principal problema entre vecinos.

PD. Por un problema en el envío atribuible solo al autor ayer no se publicó la columna En Tres patadas. Una disculpa a todos los lectores.

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