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Martes, 11 de Diciembre 2018

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Simple pragmatismo

Por: Eduardo Escoto

Simple pragmatismo

Simple pragmatismo

El mundo de la música sacra fue sacudido en días pasados por la noticia de que en la Basílica de San Pedro, en Roma, había sido instalado un órgano digital.

En declaraciones a Vatican News, monseñor Massimo Palombella, director de la Capilla Musical Pontificia Sixtina defiende la adquisición, que entiende como una largo anhelo que resuelve la supuesta falta de presencia sonora del órgano mayor, imposible de lograr aún con el uso de micrófonos.

El citado órgano mayor es el resultado de la unión de los instrumentos móviles construidos por Walcker y Vegezzi Bossi, trabajo realizado por la casa Tamburini a mediados del siglo pasado, restaurado recientemente por Mascioni. Está dividido en dos cuerpos colocados a ambos lados del ábside, bajo los arcos que le unen con el ambulatorio. Ciertamente, esta posición se antoja forzada y desequilibrada, pero responde –como señala el propio Palombella- al hecho de que hasta antes de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II la basílica no era usada para celebrar, situación que se daba ocasionalmente desde el altar de la cátedra, ubicado en el ábside.

Por ello, para Palombella las celebraciones papales en la basílica representaron un reto no resuelto hasta ahora, ya que un órgano tubular que pudiese cubrir sonoramente la basílica al completo “ocuparía la mitad del edificio”.

Esto último no es del todo exacto, como lo demuestran las propuestas barajadas a lo largo de la historia. En 1875, el célebre organero francés Aristide Cavaillé-Coll propuso la construcción de un órgano monumental que sería colocado en una tribuna sobre la puerta principal en el muro interior, y en 1910, su sucesor, Charles Mutin entregó el proyecto para construir un instrumento de 150 registros. Por diversos motivos ninguno de estos planes lograron materializarse.

No obstante, las demandas particulares de nuevas configuraciones simbólicas terminaron por abrir camino al pragmatismo. Palombella afirma que “cuando estamos en una transmisión internacional… las exigencias ceremoniales y estructurales de la transmisión no hacen posible usar el órgano tubular, y si queremos que el órgano tubular sea valorado y que se escuche en toda su gama debe usarse un órgano digital”.

Bajo este razonamiento se aboga por dar un mayor peso a la comunicación icónica, a la simple representación, lo cual es triste, puesto que es una de las características básicas de la sociedad del espectáculo, como la definía Guy Debord.
Y es cierto, puede que el pasto artificial se vea igual en televisión, y que requiera mínimos costos de mantenimiento, pero la diferencia es enorme.

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