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Martes, 25 de Septiembre 2018

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Ser pobre no es un castigo

Por: Guillermo Dellamary

Ser pobre no es un castigo

Ser pobre no es un castigo

Vivir en la miseria sí lo es,  pues careces de muchas cosas y sobre todo hay dolor y sufrimiento.  

Vale la pena aclarar que para el cristianismo la pobreza es la situación socioeconómica que eligió el Mesías para  su plan salvífico. Optó vivir de forma sencilla con un padre carpintero en una humilde vivienda.  En este sentido, la pobreza está asociada a la humildad. Que de alguna manera nos vincula al desapego al mundo material y nos conduce a la obediencia a vivir acorde a la voluntad de Dios en el ejercicio de la caridad.

Por lo que hay más esperanza de alcanzar el Reino de Dios como pobre que como rico.  Por ello cobra mucho sentido la famosa frase del Evangelio: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el Reino de los cielos” (Mt. 19,24).

Desde luego que Jesús  no condenó la riqueza ni el poder económico, como tampoco el vivir bien,  sino el egoísmo de los hombres.  La avaricia y la dificultad para compartir y entregar lo que se tiene a los que más lo necesitan.

Ser pobre no es un castigo,  sino una oportunidad de ser solidario y sensible con las necesidades de los demás. Es una manera de vivir con poco y además necesitar muy poco para ser feliz, como de alguna manera lo expuso San Francisco de Asís.

Entre menos cosas materiales poseas y necesitas,  más fácil es enfocarse a la caridad,  a la vida espiritual y desde luego a encontrar la felicidad en el amor a Dios y al prójimo, como a sí mismo.

Realmente son muy pocas las personas que han comprendido la belleza e importancia de ser pobre y elegirla como la mejor opción para vivir tal y como lo hizo el Dios que habitó entre nosotros.  Un ejemplo que muchos Santos y Mártires han seguido como un camino espiritual.

No se trata de ponderar la miseria sino de liberar al hombre de su esclavitud al dinero y a los bienes mundanos para que se pueda aspirar a una vida de cultura espiritual en la caridad.

Desde una perspectiva así,  los valores cristianos se pueden desarrollar y vivir con mayor facilidad que cuando se es rico.  Pues resulta incompatible querer ser solidario y altruista cuando al mismo tiempo se vive de ambición, codicia y avaricia.

Los pobres podrán tener muy pocas cosas y carecer de muchas comodidades y privilegios, pero viven con mayor capacidad de dar y compartir lo que tienen, de auxiliar y atender el dolor ajeno. Precisamente de lo que suelen carecer más los ricos, debido a su creciente egoísmo.
La propuesta del cristianismo es no necesitar de riqueza alguna que no sea el amor de Dios, pues lo más importante es encontrar la felicidad en esta vida en Él.  

Amar y hacer el bien es el más grande tesoro que se debe de acumular en esta vida.

Ama y haz lo que quieras,  decía San Agustín.

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