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Miércoles, 26 de Septiembre 2018

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Se esperaba más de los Barralva. Faena memorable de Roca Rey

Por: El Informador

Se esperaba más de los Barralva. Faena memorable de Roca Rey

Se esperaba más de los Barralva. Faena memorable de Roca Rey

Por Patricio Fernández Cortina

Domingo 18 de febrero de 2018. Los toreros mexicanos Sergio Flores y Luis David Adame alternaron con el peruano Andrés Roca Rey, en una tarde agradable que se prestaba para disfrutar en la Plaza de Toros Nuevo Progreso. El cartel había despertado gran expectación entre los aficionados, que colmaron los tendidos con una entrada de tres cuartos de plaza. Sin embargo, a pesar de que los toros de Barralva fueron de impecable presencia y con trapío, carecieron de la bravura necesaria para hacer lucir a los toreros. De recorrido errático, distraídos y débiles de manos, destacaron solamente el primero y el quinto de la tarde.

Sergio Flores toreó con arrojo, como es su estilo, a un toro al que le pudo más por insistencia, logrando dos tandas de derechazos y una buena estocada que le valió una oreja. Su segundo toro tuvo una salida más alegre, pero fue picado desmesuradamente, lo que provocó que perdiera fuerza y recorrido, no haciéndole ya nada con la muleta, pinchando y teniendo que descabellar a ese toro que fue abucheado en el arrastre.

Lo más bello que se le vio hacer a Luis David Adame fue la brega por “chicuelinas andantes” a su primer toro: esa suerte en la que el torero va caminando y toreando por chicuelinas hasta llevar al toro frente al caballo para la suerte de varas. Si bien el toro iba bien por la derecha, terminó por rajarse. La buena estocada le mereció una oreja por petición mayoritaria, y protesta de algunos. Con el segundo toro, una lidia para el olvido.

Andrés Roca Rey no pudo cuajar la faena a su primer toro, pues a pesar de que le hizo un par de estatuarios, por todo lo alto, bellísimos y sin moverse un ápice de la arena, el toro finalmente se rajó.

Pero la faena a su segundo toro quedará en el recuerdo para siempre. De color negro y con trapío, el toro pesaba 515 kilos y tuvo una salida alegre.

La suerte de varas fue realizada con destreza por el picador David Vázquez, con merecidos aplausos. Andrés Roca Rey templó como se debe y la gente se emocionó. Al compás de la música fue llevando al toro de menos a más, a través de un repertorio de pases en el que hubo derechazos, pases de pecho, y dos tandas de naturales en las que el toro pasaba ante el director de la lidia, “… con cálida hondura, sabrosa rotación y angustiosa demora”, como gustaba decir a don Pepe Alameda cuando hablaba del temple.

Andrés tomaba distancia, y dejaba al toro estar para darle luego dos pases en redondo que remató con derechazo ante el estruendoso ¡olé! de los tendidos. Dialogó en las tablas con el maestro Campuzano, su apoderado, sobre el momento de la lidia y si es que era ya el tiempo de matar. Y así fue. Pero en esto de los toros todo puede suceder. La bellísima faena no pudo merecer las orejas por el bajonazo. El público en los tendidos se condolía con el torero, algunos sugerían que la faena era suficiente para el trofeo. Pero el torero entendía que no era así, y con nobleza se retiró al burladero.

La tarde de ayer enseñó que hay toreros, pero se requiere necesariamente que los toros pongan su parte con lo más importante: la bravura. Los toros de Barralva tienen estampa, trapío, presencia, y vaya que han dado corridas memorables. Pero ayer fue una excepción. Que labor tan difícil la de ser ganadero.

El peruano Andrés Roca Rey entregó una gran faena con su segundo ejemplar de la tarde, pero no recibió trofeo alguno al fallar al momento de encajar la espada. EL INFORMADOR/M. Vargas

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