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Jueves, 13 de Diciembre 2018

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Sara Velasco

Por: Maya Navarro de Lemus

Sara Velasco

Sara Velasco

“Nací en el barrio de San Felipe de Jesús, al otro lado del río, el 3 de septiembre de 1945. Mi papá era originario de Tabasco, Zacatecas, y mi mamá de Ciudad Guzmán, Jalisco. En cuanto aprendí a leer devoré los cuentos de La Familia Burrón que se alquilaban en cinco centavos. Ese fue mi inicio en el hábito a la lectura; seguí con los libros de mi Escuela Primaria Federal Oblatos en los que memorizaba los poemas, que tiempo después supe eran de Martí, Machado, Lorca, Nervo, etcétera.

Tuve sólo tres maestras en la primaria, una me enseñó lectoescritura, otra, gramática, y la de sexto me descubrió la historia; pero lo que detona mi verdadera afición a leer fue a los nueve años de edad en que llega a mis manos casualmente un cuento de Rafael Delgado que me cautivó para ya no dejar de leer lo poquísimo que encontraba porque ni en mi casa ni en la escuela había libros. Ingreso en la Escuela Normal de Jalisco y me titulo en 1963; en ese mismo año, por un anuncio que vi en los periódicos sobre las inscripciones para cursar maestrías en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guadalajara, me matriculé en ella. Poco antes de terminar el primer año tuve que suspenderlo para ir a la Ciudad de México a trabajar porque mis tías supieron que necesitaban maestras en un colegio; aquí en Guadalajara mi búsqueda de empleo no había obtenido resultado. Fui a despedirme de mis maestros Adalberto Navarro Sánchez y Arturo Rivas Sáinz, por lo tanto la carrera de letras en ese año quedó desierta pues yo era la única alumna. Sí, tuve a los dos maestros para mí sola casi un año. De nuevo en mi ciudad natal reingresé a letras, pero ya éramos ocho o diez alumnos.

Después, la casualidad me llevó a dar clases por un corto tiempo en la Preparatoria número 3 de la Universidad de Guadalajara en donde en una ocasión un alumno me preguntó si existía un libro de literatura jalisciense, pues yo enseñaba española y mexicana; le contesté que no y ya en casa me puse a averiguar si mi respuesta era correcta y lo confirmé, nada más había temas sueltos. Había llevado literatura jalisciense como materia en la facultad, pero un solo tema absorbió el curso por lo que no sabía nada, sin embargo, decidí reunir los autores en un texto pensando en Arreola, Rulfo y Yáñez.

Al  avanzar en mi idea, descubrí un filón maravilloso de los tesoros que guarda la mina literaria de Jalisco. Mi intención fue hacerlo a la manera de los libros de secundaria: brevísima biografía y fragmento selectivo. Fui a bibliotecas y archivos, revisé el siglo XX, luego el XIX y al final pasé a los actuales en aquella época. Entrevisté a los escritores que conocía y uno me informaba de otros y, generosamente, me proporcionaban domicilios y teléfonos así que con libreta y lápiz en mano fue creciendo mi primera nómina a casi cuatrocientos. Entonces supe que la Universidad de Guadalajara había adquirido maquinaria moderna para la impresión de libros y llevé mi manojo de cuartillas; me dijeron que necesitaba un aval para apoyar la edición y quien firmó fue el académico Adalberto Navarro Sánchez. Dividieron mi obra en dos tomos por lo extenso y tardó tres años en publicarse el primero, y otros tres, el segundo. El título fue sugerido por don Adalberto: Escritores jaliscienses. Recuerdo que cuando me presentó con Juan Rulfo le habló de mi trabajo aunque entonces eran cuartillas mecanografiadas.

Mis descubrimientos me fascinaron de tal manera que desde la década de los setenta no he dejado de registrar a los autores originarios o radicados en Jalisco de todos los géneros e ingenios, por supuesto, combinando con mis clases en la Secundaria Técnica 14, como bibliotecaria en la Red Estatal de Bibliotecas Públicas y con la crianza de mis tres hijos. Irremediablemente me enamoré, me dejé seducir y me apasioné por los libros y, en consecuencia, por mis dos amores: el magisterio y los escritores de Jalisco; con el primero terminé mi ciclo y a los segundos les sigo siendo fiel”.

Al reunir a tres grandes de la literatura, descubrió la mina de oro literaria de Jalisco.

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