Domingo, 05 de Julio 2020
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Refundación y reforma electoral

Por: Diego Petersen

Refundación y reforma electoral

Refundación y reforma electoral

En la madrugada, de espaldas a la gente y después de haber sacado de forma vergonzante el nombramiento de los nuevos consejeros de la Judicatura, los diputados aprobaron también una reforma electoral que, usando como pretexto la epidemia de coronavirus, busca recortar los tiempos de las campañas electorales. 

Una de las funciones del poder es asegurar su reproducción y continuidad. Todos los políticos, de todos los colores, usan el poder para acomodar las condiciones en que su partido y sus cercanos se mantengan. Parte de la gracia de la democracia es que el poder se asume siempre con fecha de caducidad: todos saben qué día entran y qué día salen. Entre más egocéntrico sea el gobernante en turno mayor será su lucha por preservar “su legado”, un término que usan los poderosos para satisfacer su necesidad de ser recordados. 

Entre más egocéntrico sea el gobernante en turno mayor será su lucha por preservar “su legado”

El efecto buscado con la reforma que acorta los tiempos no es otro que disminuir las posibilidades de los partidos de oposición de hacer campañas. Entre más cortas sean las campañas, menos podrán darse a conocer y menos oportunidad tendrán de conectar por tierra con los votantes, lo que favorecerá al partido en el gobierno y a los candidatos que buscan reelección. La reducción de tiempos de campaña no significa menos gasto, sino concentración de éste. 

La elección 2021 no luce nada fácil para Movimiento Ciudadano. Con todo y su desastre organizativo y su delegada demandada penalmente por ellos mismos, Morena es el partido que más ha crecido en la intención de voto en el Estado. Le ayudan sin duda el presidente omnipresente y los programas sociales, pero sobre todo que se quedó como única alternativa al poder de los naranjas: el PRI está más desdibujado que una camiseta pirata y el PAN, dispuesto a convertirse en el partido rémora de Alfaro, sólo hace cálculos electorales, ya no programas de gobierno. Los más afectados por la reforma serían, en caso de lograr su registro esta semana, los nuevos partidos. Futuro, liderado por Pedro Kumamoto, nació de las candidaturas independientes de Wikipolítica, y Hagamos, el partido con el que el grupo político de la Universidad, encabezado por Raúl Padilla, busca meter uno o dos diputados más a su ya tradicional bancada pluripartidista.

Una reforma electoral que no cuenta con el aval de los partidos de oposición es una reforma de las mayorías, que puede llamársele de cualquier forma menos democrática. Pero más triste y delicado es el mensaje político: si para hacer una reforma electoral tuvieron que hacerlo a media noche y sin consenso no me imagino, no lo deseo, a estos actores políticos queriendo hacer -imponer- una nueva Constitución.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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