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Jueves, 21 de Febrero 2019

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Refundación o anti 4T

Por: Diego Petersen

Refundación o anti 4T

Refundación o anti 4T

En política el discurso es el hilo conductor de las acciones gubernamentales. La forma en que el líder baja su visión del mundo hacia su equipo y sus gobernados es a través del discurso. La diferencia entre los grandes políticos, esos que pomposamente llamamos estadistas, y los que no lo son, es su capacidad para plantear una visión y hacerla común a través de la palabra.

Enrique Al faro escogió un discurso sofisticado: el de la refundación. Planteó desde la campaña la necesidad de regresar a los fundamentos del Estado de Jalisco, a eso que nos hace ser lo que somos, para replantearlos de cara al futuro de un Estado con toda la fuerza de su historia, pero con una visión moderna, actual, con instituciones a la altura de los retos (espero haber interpretado bien). Sin embargo, en el camino la circunstancia política lo ha puesto en un lugar distinto. Hoy Alfaro es visto en el país como el alter ego del Presidente de la República, como el gobernador que puede hacer frente a los embates centralistas, como -decíamos hace unas semanas- el Peje de López Obrador.

Hoy Alfaro es visto en el país como el alter ego del Presidente de la República, como el gobernador que puede hacer frente a los embates centralistas

Alfaro se siente bien en ese papel; sabe ser el antagónico y le gusta. Está encantado con los medios nacionales y los medios nacionales con él. Es el referente, el contrapeso obligado. Eso lo ha hecho desde ya un político de talla nacional, el problema es que al convertirse en el anti 4T, por decirlo de alguna manera, se ha olvidado de su propio discurso. Valga un ejemplo: cuando habló del presupuesto federal no hizo énfasis en los cambios propuestos desde su visión, no aprovechó para explicar cómo se expresaba numéricamente la refundación, sino que hizo énfasis en las afectaciones del presupuesto federal, el de la 4T, en Jalisco.

Los dos caminos son igualmente válidos y quizá el anti 4T tenga más audiencia nacional que el de una sofisticada refundación. Lo que sí es que tiene que optar por uno de ellos como eje principal: no se puede ser el refundador de Jalisco (cualquier cosa que eso signifique) y al mismo tiempo ser el alter ego del Presidente: sin el concurso federal la refundación queda en buenas intenciones.

Políticamente a Enrique Alfaro le conviene más ser la figura nacional reconocida por su cariz opositor al Presidente que el gobernador, así sea de uno de los estados más importantes del país. La pregunta es qué le conviene más al Estado. Para algunos, tener un gobernador con liderazgo político nacional es ya suficientemente meritorio, para otros lo importante es cómo se traduce eso en beneficios para el Estado.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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