Sábado, 24 de Febrero 2024

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¿Quién le pondrá un alto?

Por: Daniel Rodríguez

¿Quién le pondrá un alto?

¿Quién le pondrá un alto?

Las imágenes son desgarradoras. Vecinos ucranianos con la voz entrecortada por el drama y con lágrimas en los ojos lamentando la muerte de cinco niños -entre las 25 víctimas- después de que el viernes en la madrugada un cohete de largo alcance impactara un edificio residencial de nueve pisos en la ciudad de Umán, en el centro del país.

En un conflicto bélico se registran muertes en los enfrentamientos en la línea de batalla, pero resulta repugnante y es reprobable que se atente en contra de la población civil -a los que se asesina a mansalva- y más cuando están alejados de la zona de fuego. El error de las víctimas -si así lo pudiéramos llamar- es haber nacido en un país que es escenario de disputas políticas y de intereses de poder. ¡Eso es un crimen!

De acuerdo con el UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia), el número de niños víctimas de la guerra en Ucrania se cuenta por los miles y poco más de 500 han perdido la vida, aunque autoridades de Ucrania dicen que el número real de niños muertos podría ser mucho mayor. Según la misma UNICEF, la mayoría de las muertes ha sido provocado por el uso de armas explosivas, es decir, ataques masivos con cohetes, ataques aéreos y artillería en zonas densamente pobladas por civiles.

El pasado 24 de febrero, con motivo de otra oleada de ataques indiscriminados a poblaciones en el centro de Ucrania, dirigidos a hospitales, escuelas y zonas residenciales, haciendo uso de armas prohibidas como bombas de racimo, Amnistía Internacional (AI) denunció los hechos y pidió a la comunidad internacional su intervención para impedir que flagrantemente la Federación Rusa y Vladimir Putin continuaran violando la Carta de las Naciones Unidas -documento que busca proteger los derechos humanos, distribuye ayuda humanitaria, apoyo el desarrollo sostenible, promociona acciones climáticas y promueve el derecho intencionalidad-, señalando que “están muriendo civiles y las tropas ya están cometiendo crímenes de guerra”.

Hace apenas unas semanas la Corte Penal Internacional en La Haya, Países Bajos, emitió una orden de detención en contra de Vladimir Putin por crímenes de guerra debido a la presunta implicación en el secuestro de niños en Ucrania, “que son deportados ilegalmente a Rusia”, además de la muerte de cientos en los ataques indiscriminados en diferentes poblaciones de los territorios ocupados.

Entre otras cosas, esta misma semana, 131 escritores, historiadores, artistas, activistas y personalidades destacadas de todo el mundo, pidieron poner un alto a Vladimir Putin, uniendo sus voces a la de más de 600 medicos -que solicitan ayuda medica al detenido-, mas de 100 abogados -que defienden su causa- y decenas políticos regionales rusos -que no están de acuerdo con la detencion- quienes exigen poner fin a la tortura del opositor Alexei Navalni, quien fue condenado a nueve anos de prisión al considerarse culpable de fraude a gran escala (?) y falta de respeto a la justicia rusa.

Así mismo, las condenas y recomendaciones que surgen del seno de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y de su consejo de seguridad y las amenazas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) son ignoradas descaradamente por el Kremlin y su inquilino. Las voces salen de todos los rincones del mundo y exigen poner un alto a Putin, clamando se impida continuar cometiendo crímenes de guerra. Sin embargo, ni dentro de la Federación Rusa ni de fuera de ella parece hay poder para poner fin a las atrocidades que se cometen.

Expertos en derecho internacional señalan que legalmente será difícil proceder en contra de Putin. Las acusaciones internacionales acompañadas por órdenes de aprehensión en contra del presidente ruso no tienen validez y difícilmente se pueden ejecutar. “Mientras sea presidente o jefe de Estado no es jurisdiccional imputable, ni nacional, ni internacionalmente. Nunca lo veremos en un banquillo”, dijo recientemente al periódico español El Debate Rafael Calduch, catedrático de la Universidad Complutense en Madrid.

Entonces, ¿quién podrá poner un alto a la enfermedad de conquista y crímenes de guerra de Vladimir Putin?

¿Usted, qué opina?

Daniel Rodríguez

daniel.rodriguez@dbhub.net

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