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Domingo, 21 de Octubre 2018

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Quemar libros

Por: Sergio Aguirre

Quemar libros

Quemar libros

Allí donde queman libros acaban quemando hombres. H. Heine.

Como ya sabrá el lector, recientemente el Premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa, criticó duramente a López Obrador. Se dijo esperanzado porque haya lucidez en México ante el populismo y recetas fracasadas como en Venezuela. También porque no se suicide México, ya que de ganar AMLO las elecciones, se daría un retroceso en el país. Ante ello, López Obrador lo acusó de ser un buen escritor, pero un mal político. Además, su fanaticada enfurecida de inmediato lo acusó de andarse metiendo en lo que no le importa, e incluso hubieron quienes exigieron su expulsión del país, aún cuando lo dijo en Madrid. Y una de sus fans, la historiadora Carmen Bojórquez, llamó a quemar sus libros.

Quemar libros cuando no se está de acuerdo con su texto, con su autor, o con lo que representa no es una práctica desconocida por la historia. De acuerdo con uno aquí a la mano, “Historia Universal de la destrucción de los libros” de Fernando Báez; “Un libro se destruye con ánimo de aniquilar la memoria que encierra, es decir, el patrimonio de ideas de una cultura entera. La destrucción se cumple contra todo lo que se considere una amenaza directa o indirecta a un valor considerado superior. (...) El destructor de libros es dogmático, porque se aferra a una concepción del mundo uniforme, irrefutable, un absoluto de naturaleza autárquica, autofundante, autosuficiente, infinita, atemporal, simple y expresada como pura actualidad no corruptible. Ese absoluto implica una realidad absoluta. No se explica: se aprehende directamente por revelación”. ¿Porque el fuego es la forma más corriente de la biblioclastia? “Al destruir con fuego, el hombre juega a ser Dios, dueño del fuego de la vida y de la muerte”. La destrucción voluntaria de los libros representa el 60% de los volúmenes desaparecidos por siempre.

Decía. Dicha destrucción es mucho más común de lo que parece. Así nos lo muestra el autor, yendo desde Sumer, pasando por el antiguo Egipto, Grecia (incluyendo a Platón como biblioclasta), Israel, China, Roma, los primeros cristianos con todo y el asesinato de Hipatia y la misteriosa hasta hoy destrucción de la biblioteca de Alejandría, Constantinopla, el mundo árabe, el medievo, la España musulmana, por supuesto la lamentable y estúpida quema de los códices prehispánicos en nuestro país, el Renacimiento, la inquisición, las revoluciones, el puritanismo, para llegar al siglo XX y XXI, con la Guerra Civil española, el nazismo y su bibliocausto —del cual los comentadores platican como si hubiera sido el único—, los regímenes totalitarios, los odios étnicos, religiosos, ideológicos o sexuales y el terrorismo actuales.

En el caso de la llamada de Carmen Bojórquez a quemar los libros de Vargas Llosa, obedece a un odio entre religioso e ideológico. Si uno es escritor, y no está de acuerdo con López Obrador, sus libros se van al infierno. Nada más le faltó mandarle a secuestrar, golpear, arrancarle la lengua y los ojos, matarlo, extraerle sus órganos, desmembrarlo y también quemarlo. Así como lo hicieron los fanáticos religiosos con la científica Hipatia en Alejandría (además todos sus textos fueron destruidos). Solo por pensar diferente. En el caso de Hipatia, también por ser mujer.

sergio@aguirre-consultores.com.mx / @seraguirre)

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