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Sábado, 16 de Febrero 2019

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Por la urbanidad de los ciclistas

Por: Juan Palomar

Por la urbanidad de los ciclistas

Por la urbanidad de los ciclistas

Para el doctor F.R.G.

Los días que corren, con la inquietante falta de gasolina, son más que propicios para fomentar en todo lo posible el transporte alternativo, y señaladamente la bicicleta. Repetidamente se han mencionado en estos renglones los enormes beneficios de este sistema de locomoción y la condición casi inmejorable del medio físico local para su uso.

Sin embargo, existe un tema ciclista que ahora más que nunca es necesario subrayar: la indispensable urbanidad que siempre deben observar los usuarios de tal medio de locomoción. Algo que ahora está lejos de suceder en tantos casos.

No porque a algunos el uso de la bicicleta les haga sentirse “alternativos”, “a la moda”, “chidos y ecológicos” o cualquier otra fantasiosa característica, se puede justificar una cierta “superioridad moral” que permea los hábitos viales de muchos bicicletos. Armados de tal más que dudosa creencia, muchos ciclistas violan sistemáticamente todos los ordenamientos existentes con perfecta buena conciencia. Esto es un perjuicio a la comunidad, un peligro constante y peor, una tontería.

El primer ordenamiento a respetar para los ciclistas -y para todo medio de locomoción- es que el peatón es primero. Siempre, en todos los casos. Esto no parecen tenerlo claro muchos usuarios del biciclo, que suelen embestir a la gente en las esquinas, no respetan los pasos peatonales, etcétera. Algo básico: no porque ciertos más o menos atléticos usuarios de las dos ruedas puedan hacerlo, se vale ir a toda velocidad por las calles. Para eso están las pistas y las competencias. En el ámbito de la ciudad es preciso siempre tener cuidado, prever, considerar a los demás. (Experiencia histórica: hace décadas un notorio ex jefe de Policía municipal fue ultimado por un atropellamiento ciclista).

Un ejemplo de pizarrón: el uso de la ciclovía de López Cotilla (entre otras). Dicha calle ha sido, para su considerable mejoría, “tranquilizada” y convertida en “Zona 30”, incluyendo una ciclovía. Pues sucede que la tal ciclovía también debe de contribuir al objetivo general de que la calle sea más vivible y amable. No es posible ver a los ciclistas cruzar la zona a todo lo que dan, con los graves riesgos que esto conlleva para peatones, vecinos, otros ciclistas y automovilistas inclusive.

Pareciera necesario actualizar los ordenamientos y generar un particular Código Ciclista de Guadalajara. Y hacerlo respetar puntualmente. Para ello, sin embargo, es necesario trabajar intensamente en el conocimiento y las características del uso de la bicicleta. No es razonable exigirle a este particular y frágil vehículo lo mismo que a los coches y camiones. Un ejemplo: en algunos lugares de Europa es normal y lícito utilizar en ambos sentidos las ciclovías aunque uno de ellos sea contrario al del flujo de los demás vehículos. (Es lo que ya sucede en varias de nuestras ciclovías: la citada de López Cotilla, la de La Paz, la de Washington,…) Y etcétera.

El ciclismo sin urbanidad es igual a cero. En vez de que la bicicleta sea un instrumento de mejor convivencia se convierte en un perjuicio potencialmente muy grave para los propios ciclistas y para los demás. Como muy seguido sucede, la autoridad tiene la palabra (y los ciclistas, claro).

jpalomar@informador.com.mx

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