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Jueves, 26 de Abril 2018

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Ideas | Ayer decíamos

"Notas selváticas"

Por: Carlos Enrigue

"Notas selváticas"

Ahora en que todo lo que parece importante debe ser perfectamente saludable (desde luego con los criterios actuales de lo que es natural y de lo que es sanidad), Tolito se pregunta cómo habrá subsistido la humanidad hasta el día de hoy, cuando todos sus criterios estaban equivocados, comiendo grasas, carne, azúcares, tomando alcohol y con el horrible vicio del tabaco (para los naturistas la vaciladora es producto natural) y demás objetos antinaturales, ¿cómo le hicieron?

Por lo pronto el tío, que no le gusta discutir babiecadas, ha decidido aceptar como ciertas todas las teorías y por su parte ingerir lo que se le pegue la gana y estableció que él es, de forma estricta, vegano de segunda generación, esto es, que los animales se coman libremente toda la verdura que quieran y él a su vez se come al animal, y seguir aquello que le enseñó su abuelo de que en esta vida había que comer fuerte, beber fuerte, fumar fuerte y esperar la muerte.

Lo que sí es que la plenitud de la belleza no le tocó, cuando menos en esta vida, vamos, todos sabemos que no hay como el cariño de madre, así, el único ser que siempre nos verá mejor de lo que somos es nuestra madre y la de Tolito no fue la excepción, porque no hay excepción en esto; bueno, solo pasa a veces, en su caso ocurrió durante la juventud del tío. Resulta que al entonces joven Tolito le ofrecieron un trabajo para desarrollarse en lo más oculto de la selva, donde es el reino de las fieras salvajes y, bella juventud, aceptó. Se internó en las selvas, entonces salvajes latitudes del sur, donde la forma más civilizada de morir era devorado por los animales, pero Tolito no quería morir así, aunque la necesidad tiene cara de hereje y tuvo que ir a trabajar porque ahí estaba el trabajo.

En una ocasión que tumbaron un árbol, cayeron con él una changa, que murió al caer, dejando un pequeño simio vivo, les dio lástima y desde entonces el animalito (el chango, no Tolito), se convirtió en su compañero inseparable, al fin y al cabo es muy fácil encariñarse con los animales.

Cuando decidió regresar a la civilización, el tío fue a ver a su madre y desde luego traía al chango enrollado en el cuello. En cuanto lo vio la autora de sus días, rompió en un llanto desesperado, él pensó que era de emoción y trató de calmarla; cuando la progenitora pudo controlar el llanto, lo único que pudo decirle fue “Ay, Tolito, hijo mío, estás más feo que el chango”, y eso es algo que le duele al tío durante toda su vida.

Él decía que en la cartera traía, dos fotos: una de cuando tenía 20 años, en la que aparecía Tolito riéndose del mundo y otra, la actual, en la que aparecía, según su dicho, el mundo riéndose a carcajadas de Tolito.

@carlosmorsa

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