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Viernes, 20 de Septiembre 2019
Ideas |

Nosotros los otros

Por: Ivabelle Arroyo

Nosotros los otros

Nosotros los otros

Las razones del asesino de Texas no están en su desequilibrio interno, o no sólo ahí. Este hombre está enfermo también de afuera, tiene malito su entorno con ideas ridículas que alguna vez funcionaron como anticuerpos para sus ancestros, pero que hoy no son anticuerpos, son un cáncer. Me refiero a las ideas de identidad y, específicamente, las de identidad nacional.

La identidad es una entelequia inventada por el poder para garantizar lealtades que dependan de símbolos, rituales y excusas fáciles de construir y reproducir. ¿Para qué? Para disponer de la vida y los recursos de los creyentes de la identidad, para crear enemigos que justifiquen las acciones del poder, para mantener en calma a los subordinados. La religión fue extraordinariamente eficiente para ello, creó identidades que aún hoy se utilizan como disfraz del poder de sus jerarcas, inútiles para todo salvo para justificar su misión con ritos que a su vez le dan sentido a cuestionables sueños de salvación.

La identidad es una entelequia inventada por el poder para garantizar lealtades que dependan de símbolos 

Los nacionalismos son algo parecido. Son ridículos pero son útiles para el poder, que usa la mentira de las costumbres y rituales para generar una idea de nosotros. Piénsenlo dos veces y verán lo absurdo: hay un nosotros porque comemos chile, odiamos los lunes, cantamos mariachi, hablamos a gritos y sabemos hilar frases de adoración a una virgen. Francamente es tonto, pero no tanto porque eso nos hace sentir que existe un grupo al que hay que proteger, con el que hay que ser solidario y, ojo, al que hay que defender de los otros. 

Ese es el punto peligroso, siempre usado por el poder. No hay nosotros sin la otra cara de la moneda: los otros. A los que se les puede culpar, a los que hay que eliminar.

Los nacionalismos son la semilla de los discursos de odio, porque basta con que se le riegue un poquito de más con sandeces ante un micrófono para que nazca una planta perversa que se alimenta con temor y desprecio, con constantes alusiones a los otros como culpables del granizo y la sopa salada.

Nosotros los europeos, los otros los musulmanes. Nosotros los lopezobradoristas, los otros los prianistas. Nosotros los blancos, los otros los morenos. Nosotras las mujeres, los otros los hombres. Nosotros los que tenemos que acabar con los otros porque tienen la culpa del frío y del desempleo. Nosotros los que estamos haciendo una transformación. Nosotros, los que haremos de este país grande otra vez. Sin los otros, claro, porque ellos son responsables de que ya no seamos grandiosos.

¿Les suena algo de esto? Es algo que dice el poder porque le sirve para justificar su inutilidad y sus abusos. El poder es culpable de estas ideas que encumbran tiranos, crean asesinos y ponen muertos, a veces en una guerra, a veces en el súper.

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