Martes, 14 de Julio 2020
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No a la confrontación

Por: Eugenio Ruiz Orozco

No a la confrontación

No a la confrontación

La obra de difusión cultural, primero en la revista Vuelta, fundada y dirigida por Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura -por cierto, de familia de origen jalisciense-, continuada después por Enrique Krauze en Letras Libres, ha sido y es un enorme mirador para observar la vida pasada y presente de nuestro país y del mundo.

Y, ¿qué decir de Clío? Ese extraordinario esfuerzo para hacer llegar al pueblo de México las versiones audiovisuales e impresas de nuestros movimientos sociales y de sus personajes más importantes.

El conocimiento de la Historia es básico para entender nuestra realidad. Las raíces de cualquier país o nación contienen el ADN de, en este caso, los mexicanos. Podría decirse que a mayor conocimiento de nuestro pasado menos riesgo de cometer errores o tomar decisiones absurdas o irracionales.

Hace unos días, Krauze publicó en las redes sociales un mensaje de solidaridad con el Sr. Gobernador de Jalisco. Está en su derecho. Lo que no es correcto es que estimule la confrontación con el Presidente de México. Es preocupante que lejos de tender puentes para resolver los problemas, que quede claro, no entre México país y Jalisco estado, sino entre dos políticos con visiones e intereses que deberían ser convergentes acabe, por otras razones, en un desencuentro.

En el siglo XIX Jalisco fue un actor importantísimo para la construcción de nuestra nacionalidad y la consolidación del Estado Mexicano. Las batallas más importantes de la Guerra de Reforma se escenificaron aquí, donde la sangre de nuestros jóvenes regó la tierra en la que hoy vivimos. En las calles de Guadalajara se definió nuestro ser e identidad nacionales.

Hoy día, ¿alguien imagina un México en conflicto con Jalisco, que es la esencia de nuestra nacionalidad, o a los jaliscienses riñendo con los mexicanos de otras regiones de la República?

Cuando la magnitud de los problemas nacionales y del estado obligan a la conciliación y a compartir el esfuerzo, no podemos dilapidar nuestros activos en disputas pre-electorales.

La política, la buena política, está basada en valores superiores. Alcanzar la Justicia, la Libertad, la Equidad, la Seguridad, el Orden, la Solidaridad, la Cooperación, la Paz y otras aspiraciones sociales e individuales requiere de una actitud soportada en un pensamiento que le escuché, por primera vez, a nuestro amigo Don Miguel Sánchez Montes de Oca. En tiempos como los presentes, dijo, debemos actuar con “paciencia, prudencia y verbal continencia”.

La política sirve para construir entendimientos, para acercar a las partes en conflicto, para resolver diferencias, para conciliar. Finalmente ¿cuál es el sentido de vivir en sociedad si no otro que resolver los problemas que a todos afectan?, ¿cuál si no sumar talentos, integrar recursos, trabajar unidos, juntar nuestras manos, amarnos?

Los viejos, los constructores de nuestra ciudad, con el propósito de que no nos perdamos en el camino, dejaron gravados en los muros de Guadalajara, una sentencia que debemos conservar fresca en la memoria: “Que nunca llegue el rumor de la discordia”.

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