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Domingo, 22 de Septiembre 2019
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Napoleón: dos siglos y medio

Por: María Palomar

Napoleón: dos siglos y medio

Napoleón: dos siglos y medio

El 15 de agosto se cumplieron doscientos cincuenta años del nacimiento de Napoleón, en Ajaccio, el día de la Asunción de 1769. Hacía apenas un año que Génova había cedido a Francia la isla de Córcega. Cuando llegó a Francia a los nueve años, pues su padre había sido electo diputado, entró al colegio de Autun sin saber francés. Dicen los historiadores que siempre conservó su acento italiano (y que tenía pésima ortografía).

Napoleón fue un personaje (que no protagonista) de la Revolución. Después, liberaría a Francia del terror revolucionario al tiempo que mantendría los logros jurídicos de 1789, enderezó las finanzas públicas y escribió páginas gloriosas de su historia nacional. Fue un self-made-man, genio militar, estratega formidable; encarnó la audacia política y fue un brillante estadista. A dos siglos de distancia, probablemente Napoleón sigue siendo el personaje de la historia contemporánea más conocido del mundo. Pese a sus errores y sombras, y a la mucha sangre derramada en toda Europa, el mito continúa hasta el día de hoy.

Napoleón fue un personaje (que no protagonista) de la Revolución. Después, liberaría a Francia del terror revolucionario al tiempo que mantendría los logros jurídicos de 1789, enderezó las finanzas públicas y escribió páginas gloriosas de su historia nacional

Con su invasión de España en 1807 y el derrocamiento al año siguiente del no tan deseado Fernando VII, Bonaparte dio el empujón de arranque al desmembramiento del Imperio español, ya por entonces fragilizado por las reformas borbónicas que impusieron en los reinos de ultramar un gobierno despótico y una modernización imprudente. Poco duraría el reinado de hermano mayor de Napoleón en España, de 1808 a 1813, pero el país quedó asolado por seis años de una guerra muy sangrienta. El delito de lesa majestad por parte del Emperador francés, sumado al escandaloso y sacrílego cautiverio del mismísimo Papa Pío VII, de 1809 a 1814, incendiaron los ánimos en la Nueva España y los otros reinos de ultramar. Tales fueron los orígenes de la crisis política en México en 1808, preludio inmediato del principio de la lucha de independencia.

Pero no solamente por eso la figura de Napoleón está presente en la historia de México e Hispanoamérica. Y es que también sería el modelo clarísimo de los caudillos independentistas y sus sucesores.

Los franceses deben mucho al “pequeño corso” que, sin fortuna ni poder, se convirtió a fuerza de inteligencia, audacia y habilidad en Emperador e hizo tambalearse, en apenas un cuarto de siglo, todos los tronos del Viejo Continente. El Código Civil (modelo para muchos países), el Consejo de Estado, el examen de Bachillerato, el sistema territorial de prefecturas, el catastro, el Banco de Francia, el Arco de Triunfo, la Legión de Honor, las cámaras de comercio, la refundación de la Universidad (que había sido clausurada por los revolucionarios) y muchísimas cosas más lo recuerdan día a día en Francia y el mundo.

Napoleón es el gran personaje de la época romántica. Está presente en miles de biografías, estudios y libros de historia, y en todas las artes: pintura, escultura, cine, literatura. El estilo Imperio se extendió por el mundo, lleno de referencias a las campañas de Egipto y de Italia, y fue todo un programa estético de propaganda política dirigido por el Emperador mismo.

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