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Sábado, 26 de Mayo 2018

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¡Nada, que otra vez en ceros!

Por: Xavier Toscano G. de Quevedo

¡Nada, que otra vez en ceros!

¡Nada, que otra vez en ceros!

Hoy se nos ha ido como agua entre los dedos el segundo mes del año. Y así, igualmente se esfumó “más rápido que inmediatamente” la inverosímil creencia, ¡no, no, no!, fue más bien una efímera ilusión, el pensar que se podría mejorar en algo, el decoro de los festejos en el coso tapatío. ¡No, no, no! ¡Sobre seguro, que ya jamás lo veremos!

Y así fue, que el domingo anterior estaba “otra vez” en la plaza presenciando uno más de los anodinos y banales festejos, que son originados por la carencia absoluta de casta y bravura de los animales, además de su indignante y vergonzosa presencia —permitida por las autoridades— lo cual molestó justificadamente al público. ¿Y? Como siempre, sus voces de reclamo eran cínicamente ignoradas.

En tanto crecían las airadas reprobaciones, cuando escuché en el tendido la conversación triste que sostenía un padre con su hija: “¡Qué lástima, y tú que ilusionada gastaste parte de tu sueldo para ver esto!” La voz del progenitor se percibía con una gran frustración y tristeza, como de igual forma debieron de sentirse todas y cada una de las personas que asistieron a la plaza y que habían pagado su boleto. En menos de siete días volvimos a lo mismo; ¡otra vez estamos en ceros! ¡Qué falta de respeto para los aficionados y el público!

Si el Espectáculo Taurino es, y siempre lo ha sido, una sublime representación única y perfecta, sin analogía alguna en el mundo, entonces la interrogación sería: ¿cuáles son los aberrantes y absurdos motivos por los cuales algunos toreros transitan en los cosos por senderos de banales caprichos, engañando a los públicos y mintiéndose a ellos mismos? Pero lo más ofensivo e inentendible, es que de esta forma actúan en todos los ruedos de nuestro país, favorecidos y solapados por las autoridades.

¡Aaaaah! Pero eso sí, ellos exigen respeto, cuando NO saben respetar a la fiesta misma, y por derivación a los aficionados y público. El comportamiento y la actitud que deberían mostrar todos aquellos que porten “el terno de luces”, ante la vida y la sociedad, son de entrega y corrección absoluta e incondicional en cualesquier plaza del mundo, por más sencilla y humilde que ésta sea, dando un verdadero ejemplo de vergüenza y dignificándose ellos mismos a lidiar “auténticos toros bravos” sin subterfugios ni manipulaciones, sin alivios ni planteamientos falsos.

En estos tiempos tan difíciles por los que atraviesa nuestro fastuoso Espectáculo, colmado de ataques y plagados de detractores, no es lo más prudente ni adecuado, y obviamente que NO le ayudara en nada, la falta de honestidad que se muestra en cada tarde y en todos los ruedos de nuestro país. Es por ello que resulta ilógico el suponer que el futuro de nuestra fiesta transitará adecuadamente con los que absurdamente actúan licenciosos y con desfachatez, disfrazando —más bien pretendiendo— de bueno, lo que protervo, deshonesto y negativo.

Nuestra emblemática Fiesta tiene como característica imprescindible la emoción que se genera cuando un toro bravo y un personaje llamado torero, son capases de captar y absorber la total atención de los aficionados y público. Esta es la única verdad existente dentro del espectáculo, Sí, pero nunca olvidemos que se obtendrá exclusivamente por razón de la autenticidad, que sin otra cosa, es y se consigue, cuando esta presente en un ruedo; su Majestad, El Toro Bravo.

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