Vestida con una blusa azul claro y un pantalón blanco, una mujer platica con un hombre en la terraza de un café mientras parece que trabajan con la computadora al frente sobre la mesa. Su bolso por delante mide no más de 20 centímetros, perfectos para guardar el arma que poco a poco va empuñando por dentro de la misma cuando observa que el subdirector operativo de la Policía de Zapopan, Carlos Flores Amezcua, llega al establecimiento. Del otro lado, otra mujer vestida completamente de negro hace una jugada similar mientras platica con otro sujeto. Guarda su celular y ágilmente se lleva la mano hacia su costado derecho, de donde toma el arma con la que le dispara al oficial con una sola mano. Osa a dirigirse al establecimiento y dispararle nuevamente desde dentro para garantizar que el agente ha muerto.La mujer de azul empuña la pistola con las dos manos, como lo hacen quienes no tienen el control total de la pistola, pero también como suelen disparar los policías para acertar los tiros. La de negro, aunque se atreve a hacerlo con una sola mano, aún no dispara con la misma puntería: busca tirar a la cabeza, pero ha pegado al brazo.Una cosa es cierta: ambas están entrenadas para disparar, y son dos sicarias más que asesinan a plena luz del día, a ojos de todos y sin miedo a esconderse. Dos sicarias más que hoy están prófugas.Aunque su rol en el narcotráfico había sido comúnmente como narcomenudistas, halconas, y objeto clave para el traslado de droga, hoy han demostrado que pueden llevar a cabo trabajos que anteriormente solo eran destinados para los hombres.Siempre han existido mujeres poderosas, como Emma Coronel, aunque ella era conocida y respetada por ser la esposa de "El Chapo" Guzmán, más que por ser mujer una mujer de batalla. Así lo fueron también María Luisa Beltrán Félix, hija de Alfonso Ávila y sobrina de Miguel Ángel Félix Gallardo, fundadores del Cartel Guadalajara, o Claudia Ochoa Félix "La Emperatriz", quien lideró un cartel por ser esposa de José Aréchiga alias "El Chino Ántrax".Hoy las vemos al pie de calle disparando a sangre fría, borrando la visión maternal y de cuidado que se asocia socialmente a una mujer. Disparan a quemarropa, vuelan drones que liberan explosivos en la Región Altos Norte del Estado para atacar a sus adversarios y disipar a la policía, y como lo vimos ayer en Tonalá, acompañan a otros sicarios en el traslado de cuerpos con rumbo a su inhumación en fosas clandestinas.De acuerdo con el analista David Saucedo, la paridad de género ha llegado incluso al crimen organizado, gracias a que han demostrado que son funcionales para tareas específicas que comúnmente habían sido asociadas al hombre, como asesinar.No es extraño que comencemos a verlas tener mayor participación en hechos como este, cuando también se menciona la participación de una mujer en el asesinato del ex gobernador de Jalisco, Jorge Aristóteles Sandoval. Mucho ojo habrá que poner en ello, pues si bien, posiblemente, las autoridades habían identificado los modos de operar de los hombres sicarios, hoy tienen un reto más en analizar el operar de una mujer, quien más sencillamente pasa desapercibida, precisamente, porque no esperas que lleve una 9mm en el bolso.