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Sábado, 20 de Abril 2019

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Mimetización

Por: Diego Petersen

Mimetización

Mimetización

Todos están en alerta, la presión sube: de la sociedad a los políticos, de los políticos a los mandos policiales, de los mandos a los elementos. Ellos son una de las volantas especiales constituidas para combatir el robo a vehículos con policías investigadores de la Fiscalía y de Guadalajara. Un auto Mercedes gris modelo E 200 con vidrios polarizados sin placas pasa frente a ellos y los pone en alerta. Es uno de esos autos candidatos al robo por encargo. La ausencia de placas los pone en alerta. Lo siguen por la avenida R. Michel. No trae el permiso para circular pegado en la ventana como marca el reglamento. Deciden detenerlo para investigar; le paran el alto. El conductor duda, no se detiene, por el contrario, acelera. Comienza la persecución. Se dirige a Tlaquepaque; ellos saben que allá está una de las bodegas donde enfrían los autos robados. Le vuelven a parar el alto, no obedece. Disparan. Dos percusiones. Los balazos entran por la parte alta de la cajuela a unos centímetros uno del otro. El auto sigue su camino hasta la casa de la presidenta municipal de Tlaquepaque donde el sospechoso se baja corriendo a pedir auxilio. Ahí los policías se enteran no se trata de un ladrón sino de un regidor de ese municipio.

Estaba orgulloso de sí mismo. Su posición política, su auto nuevo, un Mercedes grande, nuevo como se lo merece. Había pedido que le polarizaran todos los vidrios, incluso los delanteros y el parabrisas; no quería que la gente lo reconociera. Era una gente importante. Ese día tenía reunión con la alcaldesa. Al fin reconocían la importancia de su voto en el cabildo. Era más que un regidor; era un regidor independiente. En su mente imaginaba la reunión con la alcaldesa cuando una camioneta pick up negra le para el alto. Bájese, le ordenan. No se identifican. Me quieren secuestrar, piensa. Acelera. Ellos vienen detrás. A la altura de la calle Juárez vira hacia Tlaquepaque. Dos detonaciones. Las escucha atravesar la cajuela y el asiento trasero. Me van a matar, piensa. Se le acelera el corazón y él acelera su auto. El potente motor responde. Suda. Llega a la casa de la presidenta, se baja corriendo. Se resguarda detrás de los guardias que protegen la casa. Llega la camioneta de la Fiscalía. Gritos. Identificaciones.

¿A qué punto de mimetización hemos llegado que resulta difícil distinguir a un regidor de un ladrón y a un policía de un secuestrador?

¿A qué punto de mimetización hemos llegado que resulta difícil distinguir a un regidor de un ladrón y a un policía de un secuestrador? Si viviéramos en un lugar normal (diría Juan Pablo Villalobos) los funcionarios públicos serían los primeros en observar leyes y reglamento. Los regidores andarían en autos con placas y vidrios translúcidos, pero no, hay que parecerse a los malos, porque esos son hoy los signos externos de poder. Si viviéramos en un lugar normal la policía no tendría que camuflarse para hacer su trabajo. Pero no, no vivimos en un lugar normal. Aquí los delincuentes han impuesto incluso los códigos de comportamiento de la clase política y los policías.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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