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Lunes, 25 de Junio 2018

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Miguel Castro es “el bueno”; ¿todo está negociado?

Por: Jorge O. Navarro

Miguel Castro es “el bueno”; ¿todo está negociado?

Miguel Castro es “el bueno”; ¿todo está negociado?

El PRI competirá contra Enrique Alfaro Ramírez con una opción inesperada: Miguel Castro Reynoso, dos veces alcalde de Tlaquepaque y hasta hace unos días secretario de Desarrollo e Integración Social en el Gobierno estatal que encabeza Aristóteles Sandoval Díaz.

El partido tricolor no va con Arturo Zamora Jiménez, ni tampoco hará frente a Alfaro con el ex fiscal general Eduardo Almaguer Ramírez, a quien dejarán la candidatura —afirman— a la presidencia municipal de Guadalajara.

En un tuit que está fijado en la cuenta oficial del presidente nacional priista Enrique Ochoa Reza aparecen todos, sonrisa congelada y una posición en firmes que parece militar, mientras el texto del dirigente partidista apunta: “En unidad se resuelve la precandidatura al Gobierno de Jalisco en torno a Miguel Castro Reynoso”. En la imagen, al lado derecho de Ochoa, está un rígido Castro que durante meses apostó abiertamente por ser candidato a la alcaldía de Guadalajara “o a lo que el partido disponga, porque no estoy cerrado a otras opciones”.

Sorpresa, lo que se dice sorpresa, en estricto sentido no lo es, aunque la expresión que ya se reproduce en los chats y en redes sociales es: “se lo sacaron de la manga”.

¿Tiene Miguel Castro la oportunidad de ganarle a Enrique Alfaro? Esta pregunta arroja respuestas de inmediato.

Todas las encuestas añejas y recientes (todas, sin excepción), posicionaron a Arturo Zamora Jiménez como el preferido en el PRI. Siempre atrás de Alfaro Ramírez en el porcentaje, pero el más adelantado entre los tricolores.

Cuando Eduardo Almaguer, primero secretario del Trabajo y después fiscal general, reunió el valor suficiente para decidirse a saltar a la arena electoral, aseguró que su apuesta era ser candidato a gobernador: “Ese es mi objetivo, no quiero otra cosa. Quiero ser candidato a la gubernatura”, me aseguró en una entrevista. Sus palabras y sus gestos están grabados, pero la “unidad” priista hoy lo coloca en la lucha por la alcaldía de Guadalajara, a pesar de que otras figuras del partido, como Rocío Corona Nakamura y Claudia Delgadillo González, tienen la misma aspiración (aquí no aplica la paridad de género, ni la horizontal ni la vertical, ¿o sí?).

Y al final, prevaleció la negativa de Zamora Jiménez.

Ni las encuestas, ni los halagos excesivos del candidato presidencial José Antonio Meade lo animaron a ser candidato a gobernador. Zamora se queda en la cúpula nacional del PRI y rechaza la posibilidad de volver a perder una elección por la gubernatura ante un contrincante como Enrique Alfaro, que es más fuerte de lo que en su momento fue el panista Emilio González Márquez.

Para Miguel Castro, ahora ungido, el reto es más que gris, oscuro.

Además de que se enfrenta a un rival que se antoja invencible en la estadística, carga con un estigma que le dificultará más las cosas: su asunción a candidato significa la negociación de la derrota, la aceptación de que Jalisco está perdido para el PRI. O, ¿cómo explicar que no hagan candidato al más rentable en las encuestas (Zamora) ni al más decidido en la contienda (Almaguer)?

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