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Viernes, 15 de Noviembre 2019
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"Midsommar"

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"Midsommar"

El año pasado un cineasta sacudió al género del horror cuando se estrenó “Hereditary” (“El legado del diablo” en México), donde una muerte accidental desata una lucha en el seno de una familia convencional. Su director, el neoyorquino Ari Aster, enseña que Shakespeare es una buena base narrativa para describir la realización de un terrible legado.

En “Midsommar, el terror no espera la noche” (es curioso que en sus dos películas, los títulos en español sean espantosos) cambia de registro y se aleja de las convenciones del género, de los universos sombríos poblados por fantasmas, monstruos o pesadillas. “Midsommar” es visualmente un jubileo, un canto-baile a la naturaleza, al Sol y a la belleza occidental.

El universo que el cineasta provoca y cuestiona es el del popular misticismo, ecologista y bienintencionado. Un espacio al que son llevados unos despistados norteamericanos, quienes parecen descubrir la utopía prometida, la comunidad que respeta a la naturaleza, que se orienta a través de preceptos ancestrales, de ideas que muchos de nuestros jóvenes definen como sabiduría; quizás este sea el motivo por el que “Midsommar” ha conquistado, con cierta facilidad, al público anglosajón, pero curiosamente no ha tenido ese efecto en nuestro territorio.

La anécdota es sencilla, un grupo bienintencionado y algo ingenuo de jóvenes norteamericanos llega a una aldea rural, que está por celebrar un rito que se celebra cada 90 años; los azorados jóvenes descubren un mundo tolerante, expresado a través de la belleza de los bordados, las flores, la música, la danza y una sorprendente ausencia del conflicto. Poco a poco van emergiendo distintas señales, que una mentalidad occidental debía registrar, de que en ese mundo donde no hay noches, algo siniestro está latente.

Cuenta el cineasta de que hace cinco años empezó a escribir el guion y de que se basó no solo en la tradición precristiana de Suecia, investigó los paralelismos que ocurrían en las culturas agrarias de Alemania e Inglaterra; como muchos investigadores encontró respuestas en el clásico libro “La rama dorada” de James George Frazer (libro que también inspiró al “Apocalipsis Now” de Francis Ford Coppola), siento que esa investigación se resiente en el guion que se vuelve demasiado académico; no es casual que dos de los personajes piensen hacer su tesis en esa alejada aldea. A pesar de sus altibajos la película tiene sus mejores momentos en el expresivo rostro de Florence Pugh (como en “Hereditary” la actuación de Tony Collete es sobresaliente) y en un elegante diseño de producción. 

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