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Domingo, 26 de Mayo 2019
Ideas |

Mejor razonar que racionalizar

Por: Guillermo Dellamary

Mejor razonar que racionalizar

Mejor razonar que racionalizar

A la hora de educar a las nuevas generaciones, es indispensable que los mismos adultos sepamos distinguir entre esos dos conceptos. Enseñar a ser razonable no es lo mismo que se aprenda a racionalizar los conocimientos. Ya el mismo S. Freud, fundador del psicoanálisis, bien sabía poner en su lugar éste último como un mecanismo de defensa mental. En cambio, razonar es un ejercicio objetivo de análisis de la realidad.

La diferencia fundamental es que la primera nos conduce a distinguir entre el sueño y la vigilia, lo imaginario de lo real, lo subjetivo de lo objetivo y nos facilita el control del mundo físico, el cultural y el adecuado trato al prójimo.

Siguiendo con las sugerencias de Edgar Morin para la educación del futuro, desarrollar la razón es lo mejor que podemos hacer para reducir el error y la ilusión. Al hacerlo en forma constructiva, elaboramos teorías coherentes, verificando la estructura lógica del cuerpo teórico que planteamos, la congruencia y compatibilidad de las ideas, la consistencia en sus afirmaciones con la prueba empírica. Y todo esto además abierto a la discusión y a la crítica constructiva.

De lo contrario se convierte en una racionalización, que mezcla lo lógico con la fantasía, lo congruente con las contradicciones y desde luego se resiste a la comprobación fáctica y abandona la discusión crítica para encerrarse en una doctrina. Y se mantiene entre creencias  y teorías que no se abren a un análisis profundo que revise su consistencia y objetividad.

El riesgo de todo razonamiento es pervertirse y acabar como una racionalización “que se cree racional porque construye un sistema lógico perfecto basado en la deducción o la inducción; pero ella se funda sobre bases mutiladas o falsas y, se niega a la discusión de argumentos y a la verificación empírica. La racionalización es cerrada, la racionalidad es abierta” señala Morin.

De lo anterior se desprende lo peligroso que resulta educar en la racionalización, pues constituye una de las fuentes de error y de ilusión más poderosas y comunes. De aquí que el considerar, tanto en la escuela o universidad de nuestros hijos, qué se enseñe a razonar con conocimientos científicos que no estén entremezclados con doctrinas y teorías encerradas en sí mismas. Se trata de estimular la razón, el pensamiento inteligente, la investigación y la creatividad; no el exponerlos al adoctrinamiento y la sumisión intelectual.

Enseñar a razonar es abrir la curiosidad a la naturaleza, a dialogar con la realidad,  a conectar la lógica con la experiencia empírica; es estar dispuesto al debate de las ideas y no a creer que se trata de defender la propiedad de un conjunto de ideas.

Ser racional no significa dejar de lado el afecto, el amor, el arrepentimiento “se conoce los límites de la lógica, del determinismo, del mecanismo; sabe que la mente humana no podría ser omnisciente que la realidad comporta misterio; ella negocia con lo irracional, lo oscuro, lo irracionalizable; no sólo es crítica sino autocrítica”, indica Morin.

Así vemos que es indispensable cuidar el desempeño educativo basado en la racionalidad y estar en guardia frente la avasalladora tendencia de educar en la racionalización y encerrarnos más en la falta de objetividad, autocrítica y diálogo.

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