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Viernes, 19 de Octubre 2018

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Luis Garisto, el técnico que trajo equilibrio al Atlas

Por: Raúl Romero

Luis Garisto, el técnico que trajo equilibrio al Atlas

Luis Garisto, el técnico que trajo equilibrio al Atlas

Cuando el recién fallecido Luis Garisto Pan llegó al Atlas para la campaña 1989-1990, prometió dos cosas: trabajo y equilibrio.

“No quiero tener 50 goles a favor y 74 en contra, no me sirve”, dijo. El entrenador uruguayo venía del Gimnasia y Esgrima, que sólo había admitido 27 goles la temporada anterior. Atlas había recibido 73.

El técnico trajo consigo refuerzos de su confianza: Daniel Guadalupe Pighín, volante de contención del Gimnasia y Esgrima; David Mariano Dalla Líbera, medio ofensivo de Estudiantes de la Plata; Gustavo Daniel Salgado, defensa central del Peñarol, y, a préstamo por un año, Robert Dante Siboldi, el segundo portero del Gimnasia y Esgrima por detrás de Gustavo Adolfo Moriconi, que esa misma temporada llegó al Monterrey.

Garisto, que se presentó como un entrenador “biológicamente optimista”, no podía iniciar de mejor forma su aventura tapatía. En la primera fecha del torneo los rojinegros derrotan 2-1 al Guadalajara e hilvanan cuatro victorias consecutivas. A pesar de los buenos resultados iniciales, ocurre un fenómeno curioso: las reputaciones de Garisto y Siboldi siguen direcciones inversas. El entrenador es tachado de defensivo (un pecado en la Academia del buen futbol) y Siboldi, que disputa su primera campaña como titular en un equipo, se convierte rápidamente en un favorito de la afición.

Si los seguidores del Atlas llegan a abuchear su propio equipo, la consagración de Siboldi como símbolo atlista llega con una victoria 2-0 ante los Tecos en la que el portero de 1.93 metros (el más alto de la Liga) ataja un penalti a Julio CésarUribe. Siboldi es ovacionado. Ya es profeta fuera de su tierra, y comienza a formular un estilo personal. “En la sobriedad está la espectacularidad”, reflexiona tras una gran actuación ante Correcaminos.

Es complicado anotarle al Atlas de Garisto, pero también es complicado que los rojinegros anoten. Los Zorros no logran calificar a la Liguilla, pero son la defensa menos goleada y Siboldi es reconocido como el mejor portero del torneo.

El entrenador responde con ironía a su ya consolidada fama como entrenador defensivo a ultranza. “El cero a cero nuestro sigue siendo defensivo y el del rival es ofensivo”, dice. “Estoy oficialmente declarado defensivo. Es más, me declaro defensivo, así en este aspecto ya no hay duda para nadie, además de que esto ya tampoco me preocupa”.

En la segunda temporada de Garisto la tónica se mantiene. Siboldi se afirma como símbolo rojinegro y Garisto continúa inspirando poca confianza entre los seguidores de Atlas, que no califica a la Liguilla. Los Zorros no avanzan por ser terceros de su grupo, pero en la tabla general son octavos. Son la segunda defensa menos goleada del torneo.

La temporada 1991-1992 comienza de manera esperanzadora, con cinco triunfos en las primeras siete jornadas, pero luego los Zorros acumulan 15 fechas con un solo triunfo. El hilo se rompe por lo más delgado con un 0-0 ante Puebla. Irónicamente, Siboldi, que no se ha perdido un juego, no puede disputar ese partido por una lesión muscular. Su sustituto, Alejandro Herrera, detiene un penalti y salva a los rojinegros de la derrota, pero no es suficiente. Garisto deja de ser entrenador del Atlas.

En el balance final, Garisto dejó un legado importante a los rojinegros. Le dio solidez defensiva a un equipo que a su llegada estaba a punto de descender, trajo tres refuerzos confiables (Delgado, Dalla Libera y Pighín) y añadió una leyenda al imaginario rojinegro (Robert Dante Siboldi).

Además, el periodo defensivo del uruguayo sentó algunas de las bases para la llegada en la siguiente campaña de Marcelo Bielsa, ese enamorado del ataque que escribió uno de los episodios más importantes de la historia reciente del Atlas. No es poco. A fin de cuentas Garisto cumplió el cometido que se trazó cuando llegó a Guadalajara y dijo en su presentación: “Lo que quiero dejar es un buen recuerdo”.

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