Miércoles, 05 de Octubre 2022

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Los renglones torcidos de la autoridad de salud

Por: Diego Petersen

Los renglones torcidos de la autoridad de salud

Los renglones torcidos de la autoridad de salud

Qué es lo sensato: suspender actividades porque hay riesgo de contagio o no suspender actividades porque todavía no nos contagiamos. Las autoridades de salud del Gobierno federal y algunos gobiernos locales han dicho que no es necesario restringir actividades comerciales y festejos por la presencia de Ómicron, pues esta variante del virus aún no es problema en México. Cualquier epidemiólogo sensato bajo la lógica de que quien no se mueve no contagia ni se contagia sugiere que suspendan o reduzcan actividades para evitar una ola como está sucediendo en Europa y Estados Unidos. Pero la sensatez anda escasa.

El dilema de fondo sigue siendo el mismo: protegemos la salud o la economía. Claramente no es una apuesta de todo o nada sino una compleja mezcla que conlleva riesgos y requiere ajustes todos los días; lo que es válido hoy puede no serlo mañana. La relación entre ambas variables no es inversamente proporcional, pero casi. Esto es, las políticas que benefician la salud pública, como las restricciones a la movilidad y las limitaciones a los aforos, afectan fuertemente a la economía, y por el contrario todo lo que es masivo -tianguis, plazas, comercio callejero- aumenta el riego de contagios y por tanto de muertes.

La Organización Mundial de la Salud pide a gritos suspender los festejos navideños, pero en un mundo desesperado por la crisis económica derivada de la pandemia la petición cae como agua en arenas del desierto. El mundo está más preocupado hoy por la economía y México no es la excepción. En términos políticos el gobierno de López Obrador ya descontó el exceso de mortalidad: ya lo criticaron, ya lo vapulearon, ya lo pagaron en las urnas. Por el contrario, el problema económico y particularmente de la economía informal cuyo valor perdió poco más de 200 mil millones de pesos (1.2 por ciento del PIB) en el primer año de pandemia sigue cobrando facturas políticas. El crecimiento del PIB acumulado en lo que va del sexenio es menos 2 por ciento, pero medido en PIB per cápita es menos 7.2 por ciento.

Entendiendo lo difícil y delicado de la situación y lo complejo de la contradicción, resulta paradójico que quienes minimizan el problema que representa Ómicron sean las autoridades de salud; son más rápidas para negar el riesgo que los más recalcitrantes complotistas antivacunas. Pareciera que se les torcieron los renglones, que se les olvidó que su trabajo, para lo que están ahí, es proteger la salud de los mexicanos, no la economía ni la popularidad presidencial. ¿O sí?

diego.petersen@informador.com.mx
 

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