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Lunes, 16 de Julio 2018

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Llamadas al celular y fake news… la guerra sucia

Por: Jorge O. Navarro

Llamadas al celular y fake news… la guerra sucia

Llamadas al celular y fake news… la guerra sucia

A menos de dos semanas de la jornada electoral del 1 de julio, las campañas están cayendo aceleradamente en una descarada guerra sucia que no sólo no ha sido detenida, sino que tiende a agravarse, mientras el Instituto Nacional Electoral (INE) y la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade) se quedan pasmados o reaccionan de una forma tan lenta que no garantizan justicia.

Apenas el 15 de junio se dio a conocer que los candidatos presidenciales han gastado 142 millones de pesos promocionándose en Facebook y Twitter. La capacidad de penetración de estas dos redes sociales ha quedado demostrada, pero a pesar de los compromisos para denunciar y detener las noticias falsas (fake news), lo cierto es que las mentiras, los ataques, las ofensas y la desinformación, han tenido en estas dos redes terreno fértil para perjudicar el supuesto proceso democrático electoral.

Hasta antes de que tuviera lugar el tercero y último debate entre candidatos presidenciales (12 de junio), la controversia y el choque de argumentos se originaban en las propuestas. Las campañas de contraste -algo muy distinto de la guerra sucia- señalaban la dificultad o imposibilidad de hacer realidad las propuestas de los candidatos. Eso se perdió en pocos días.

Lo que domina la contienda presidencial son las descalificaciones montadas en campañas de difusión que tienen costos millonarios, pero no se sabe quiénes están detrás ni de dónde está saliendo el dinero para pagarlas. Un claro ejemplo es la campaña de llamadas telefónicas que lo mismo llegan a los teléfonos celulares que a los números fijos; una grabación difunde postulados en contra de Andrés Manuel López Obrador y es evidente, por los múltiples testimonios, que se trata de una estrategia nacional.

¿Quiénes la montaron, cómo la están pagando? Imposible saberlo. La única información oficial es que la Fepade está investigando las denuncias y para eso cuenta con el apoyo del Instituto Federal de Telecomunicaciones.

Hay otras preguntas por resolver, si es que algún día llegan a dar con los responsables: ¿cómo obtienen los datos personales de los usuarios? ¿O las llamadas se hacen aleatoriamente sin saber quién las recibirá? ¿Dónde están esas centrales telefónicas? ¿Es tan difícil ubicarlas?

Si la autoridad no tiene la capacidad técnica para identificar lo más pronto posible el origen de esta campaña de llamadas que atenta contra la contienda electoral, el resultado de la elección habrá sido alterado por quienes actuaron ilegalmente.

El problema de fondo es que, otra vez, las campañas electorales mexicanas habrán sido costosísimas, no generarán confianza entre los ciudadanos y el votante promedio, sobre todo si está buscando una opción para elegir, en lugar de recibir información real y propuestas, es una víctima ingenua de la desinformación.

Aparte de los perjuicios evidentes, esta guerra sucia alimenta la versión de un fraude anticipado y prepara a quienes sólo admitirán un resultado (el triunfo de López Obrador), para alegar que nuevamente se “compró” la elección y a pesar de todas las reformas y los gastos en prerrogativas para los partidos y en organización electoral, el resultado es una gigantesca transa.

El peor de los escenarios.

(jonas@informador.com.mx / @Jonas8TV

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