Domingo, 25 de Octubre 2020

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Las lecciones del pasado

Por: Juan Palomar

Las lecciones del pasado

Las lecciones del pasado

Tomando un viejo plano de la ciudad es posible especular sobre la suerte que a ella le hubiera cabido con mayor lucidez, con más reflexionado brío. De todos los componentes que a lo largo del tiempo han formado la urbe es tal vez la comprensión del pasado una de las principales herramientas para forjar un futuro.

Los albores del siglo XX trajeron la convicción de que las máquinas habrían de definir los contextos de las ciudades y su ulterior desarrollo. Más de un siglo después esa convicción ha pasado del desencanto a la amenaza de un medio ambiente deteriorado e incierto. Con lentitud, pero con certeza se ha establecido una nueva concepción de las ciudades como organismos cuyos impactos sobre el equilibrio ecológico deben ser urgentemente controlados.

Entre nosotros, en la Zona Conurbada de Guadalajara, muchas fueron en su tiempo las oportunidades para ser una ciudad más verde, más cercana a la naturaleza, más responsable. El respeto al territorio y a los cuerpos de agua que les dieron forma es quizá el más importante. Es el caso del primer embovedamiento de un río, el de San Juan de Dios, acción que habría de sellar por largo tiempo una visión puramente utilitaria de los recursos naturales. A ese proceder siguieron muchos más a lo largo de los años, sepultando literalmente la lectura y la actuación de arroyos, cuerpos de agua, barrancas y contextos originales.

Con el acelerado crecimiento en forma de mancha de aceite de la ciudad ese modelo de “desarrollo” fue invadiendo áreas naturales, o tierras labrantías, de las que una mucha mayor conservación podría haber significado una gran diferencia en términos de equilibrio ambiental.

Aun en los tiempos actuales seguimos sufriendo esa inercia. La diferencia estriba en que, afortunadamente, existe ya una mucho mayor conciencia entre la ciudadanía de la urgencia de restaurar un equilibrio que se rompió durante más de un siglo. Es de una capital importancia que esa conciencia aterrice cada vez con mayor certeza en los procesos urbanísticos y constructivos.

Solamente con una noción bien implantada de la delicada situación en que actualmente nos hallamos en términos ambientales será posible asegurar un mejor futuro para nuestra ciudad. Las nuevas generaciones tienen ante sí la tarea de establecer las condiciones adecuadas para la Guadalajara del futuro. Y una condición indispensable es tomar conciencia de lo que la ciudad ha sido y con ello, y con las nuevas posibilidades, plantear la ciudad que ha de venir.

jpalomar@informador.com.mx
 

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