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Viernes, 19 de Abril 2019

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La seguridad como estadística

Por: Armando González Escoto

La seguridad como estadística

La seguridad como estadística

Asumir la cartera de seguridad en el Estado debe ser una de las tareas más ingratas y peligrosas del momento presente. Tarea muy ingrata porque aquellos a los que nada les pasa no suelen advertir que su buena suerte sea fruto de un ejercicio responsable de las fuerzas públicas, mientras que los muchos otros a los que sí les pasan cosas, no pueden sino reprochar a los responsables de la seguridad su mal desempeño.

Tarea peligrosa, sobre todo en los municipios rurales. Si el alcalde colabora, concluye en paz, y sobre todo, vivo, su trienio. Si se niega, pone en riesgo su vida y la de sus familiares sin que haya fuerza estatal o federal que lo proteja, de donde se deducirá, con o sin razón, que la mayoría de los funcionarios prefiere pactar.

El problema del gobierno es la facilidad con la que sus miembros incurren y prosiguen en recursos equivocados, bajo la guía ciega de sus técnicos y asesores. Desde sus escritorios discurren que el tema de la inseguridad es un asunto de percepción social, por lo mismo consideran que lo importante es cambiar la percepción, para lo cual recomiendan dar menos espacio noticioso a las acciones de la delincuencia, y prodigar información positiva sobre los muchos logros que se están teniendo en la difícil tarea de abatirla, logros que desde luego sí los ha habido.

Y cuando todavía no acaba de disiparse el rumor de la gloriosa estadística, veinte cuerpos son hallados en un canal de aguas negras en las inmediaciones de Guadalajara...

Vienen entonces esos escenarios televisivos donde todos los involucrados en garantizar la seguridad de la ciudadanía se muestran muy sonrientes y satisfechos, provistos de pantallas y archivos con gráficas de colores que muestran y demuestran al público asistente la considerable baja que han tenido tales y cuales delitos. Y cuando todavía no acaba de disiparse el rumor de la gloriosa estadística, veinte cuerpos son hallados en un canal de aguas negras en las inmediaciones de Guadalajara, y luego asesinan a un comandante de la policía, además de la ejecuciones cotidianas a las que al parecer ya nos impusimos, sólo que a veces se acumulan en Tonalá, a veces en Guadalajara, o en Tlaquepaque, o en los municipios vecinos, lo mismo que los asaltos “conejeros”, y el robo de todo lo imaginable a todas horas y por todas partes, sin que la autoridad logre siquiera, identificar los puntos en que lo robado se vende, pesquisa que requiere de un verdadero aparato de inteligencia.

Para que la tensión metropolitana un poco se tranquilice, capturan en la región de Autlán a cinco paisanos, para lo cual se valen nada menos que de nueve helicópteros, todo un verdadero despliegue de fuerza que hace recordar la clásica fábula de la montaña que luego de impresionantes temblores dio a luz un ratón.

Sin duda es importante, por otro lado, que el gobierno estatal haga un público compromiso de atención a los familiares de personas desaparecidas, pero no debemos olvidar que la atención que estos familiares necesitan se reduce a un solo y fundamental asunto: recuperar a sus seres queridos y que no sigan desapareciendo personas; lo demás acaba siendo otro capítulo más de la mercadotecnia a favor de suavizar percepciones, no de transformar realidades.

Suplemento Tapatío

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