Viernes, 26 de Febrero 2021

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La reactivación económica, ¿a costa de quién?

Por: Gabriela Aguilar

La reactivación económica, ¿a costa de quién?

La reactivación económica, ¿a costa de quién?

Es un establecimiento en donde los trabajadores se encuentran infectados con COVID-19 y, a pesar de ello, continúan brindando atención a los clientes. Así se los pidió el dueño del lugar, de lo contrario, la tienda podría cerrar y ellos perderían su trabajo. Traducción: como buen manipulador, disfrazó la amenaza del despido con el argumento de la posible quiebra del negocio.

Sé que la publicación de esta historia debería ser más detallada, pero estoy ante un dilema ético: por un lado está en riesgo el sustento de por lo menos 24 familias, y por el otro, la bajeza, vulgaridad y estupidez de un “empresario” aterrado por el colapso de un negocio familiar con más de tres décadas en la ciudad.

Varios colaboradores del lugar han buscado la forma de denunciar ante las autoridades, pero temen represalias. Prometí velar por ese anonimato que pidieron al confiarme su relato y por ello escribo de esta forma, prácticamente “en clave”, para compartir un caso más que comprueba que la pandemia puede sacar lo peor de la humanidad.

El primer contagio al interior del local, ubicado en una tradicional zona comercial de alto poder adquisitivo, ocurrió en diciembre pasado. Posteriormente, el virus se transmitió prácticamente entre todos los colaboradores, poco a poco, sin síntomas graves, pero con la amenaza latente de ser agentes de contagio incluso de sus propias familias. Y efectivamente, así ocurrió con una de ellas, integrada por cinco personas, de las cuales cuatro batallan en estos días con la enfermedad.

¿Se imaginan los trayectos que todas estas personas enfermas recorrieron desde su casa al trabajo y de regreso? Si bien el patrón deshumanizado les pedía atender a los clientes con todas las medidas sanitarias, ¿cuántos estuvieron en riesgo o fueron contagiados por acudir al lugar? Por cierto, se trata de un giro que en estos momentos no puede operar y fue quizá de los más golpeados con la cancelación de fiestas, graduaciones, bodas y eventos sociales. La mayor parte del personal involucrado tiene un sueldo base y las principales percepciones las obtiene de las comisiones por sus ventas. El ambiente es tenso, pues tienen que enfrentarse a ser portadores de coronavirus, cumplir con su trabajo y contagiar a los demás.

La zona en la que se ubica el establecimiento era de las que más vigilancia tenía cuando entró en vigor la Fase 0 del Plan Jalisco para la Reactivación Económica el pasado 18 de mayo. Durante esta etapa, un distintivo otorgaba la certeza de que el establecimiento cumplía con los protocolos de salubridad definidos por la autoridad. Los inspectores municipales acudían con frecuencia, incluso personal del ayuntamiento sanitizaba las calles. Hoy nada de eso ocurre.

Mientras Jalisco se encuentra en el punto más crítico por la pandemia, ¿cuántos empresarios están haciendo lo mismo y se esconden en sus casas ubicadas en destinos de montaña para no ser alcanzados por el virus cuidando su fortuna de forma mezquina? Es la explotación en tiempos de pandemia, es la perversidad, vileza y crueldad que coexisten con el dinero, que sólo los refrenda como unos miserables.

puntociego@mail.com

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