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Lunes, 19 de Agosto 2019
Ideas |

La pedagogía de la ciudad

Por: Juan Palomar

La pedagogía de la ciudad

La pedagogía de la ciudad

Vivir en un contexto urbano tiene, por el hecho mismo, muchas enseñanzas. Tal vez la primera de ellas sea la noción de comunidad: un conjunto de personas que habitan el mismo territorio y comparten fines diversos y compatibles en su actividad cotidiana. Diversos, porque en la multiplicidad de ocupaciones y quehaceres puede lograrse una complementareidad que le da sentido a la convivencia, a la unión de esfuerzos. Compatibles, porque todos esos esfuerzos deben regirse por la aceptación de normas y procedimientos que logren mantener la indispensable cohesión social.

Otra característica de la vida en la ciudad es la invariable urbanidad, en el sentido más esencial del término, que es indispensable y que permite que el desarrollo de la vida colectiva tenga un común denominador de respeto hacia los demás. Y de allí a la toma de conciencia de que sin la participación activa de todos los habitantes, dentro de un espíritu de colaboración, es impensable asegurar la buena marcha de la urbe, de sus muy diversas demarcaciones.

Pero la principal enseñanza de la ciudad radica en la comprensión de todos los factores que la hacen posible. Factores humanos en primer lugar. La concurrencia de gentes de distintos orígenes, caracteres y ocupaciones, y la pluralidad resultante, constituyen una permanente lección citadina en cuanto a la aceptación, o más allá, el aprecio de los otros. De allí que la tolerancia y el respeto por la enriquecedoras y diversas maneras de ser resulten fundamentales.

Y factores físicos, desde luego. Toda la complejidad del organismo urbano, es bien sabido, requiere una larga serie de servicios, infraestructuras y equipamientos que le den adecuado soporte a su funcionamiento. Es en razón al conocimiento de todos estos elementos como el ciudadano puede adquirir la conciencia de su necesaria participación en la buena marcha de la vida citadina.

En nuestra ciudad es evidente que existen serias fracturas en su actual composición. Franjas significativas de la población de menores recursos carecen del acceso a una vida urbana plena. Falta de servicios adecuados, insuficiencia de la seguridad y el transporte, existencia de zonas de riesgo. Son algunos de los renglones que contradicen el espíritu de una ciudad justa y equitativa.

Sin embargo, y a pesar de todos los pesares, la Guadalajara de nuestros días, con todas sus carencias, refrenda a diario su vigor, su vigencia. Esta fortaleza reside en la enseñanza, la pedagogía cotidiana con que la ciudad continúa nutriendo, en mayor o menor medida, la vida de sus habitantes.

jpalomar@informador.com.mx

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