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Lunes, 22 de Abril 2019

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La obsesión por el petróleo

Por: Diego Petersen

La obsesión por el petróleo

La obsesión por el petróleo

López Obrador tiene una obsesión por el petróleo y por el rescate de Pemex. Una obsesión en muchos sentidos positiva, pues la manera en que el Gobierno anterior dejo caer a la petrolera nacional es poco más que irresponsable. Y si nos vamos para atrás, lo mismo podemos decir de los últimos gobiernos: vieron deteriorarse a Pemex sin meterse a fondo en el problema; arreglarlo costaba mucho políticamente y daba pocos réditos.

Para el Presidente, Pemex es otra cosa, más allá de la principal industria nacional, para él es un símbolo de lo que el país fue y de lo que él cree que puede ser. En muchos sentidos el proyecto económico de Andrés Manuel es “pemexcentrista”, rescatar a la empresa es rescatar a la economía nacional, pero ¿Qué pasa si no lo logra, si el diagnóstico no es el adecuado o si simplemente nos topamos con una enorme pared llamada sindicato?

De las petroleras nacionales Pemex es la más improductiva. El nivel de producción por número de trabajadores es el peor de todas las empresas comparables, las empresas de Estado; peor que Petróleos de Venezuela (Pdvsa) o que la petrolera brasileña (Petrobras), no digamos si la comparamos con la empresa noruega. Refinar en México es caro y malo. Si los gobiernos anteriores optaron por refinar en Estados Unidos rentando plantas allá fue por lo improductivo de nuestras plantas refinadoras. Podemos, otra vez, señalarles a los anteriores que no enfrentaron el problema de fondo y prefirieron darle la vuelta antes que arreglar la productividad de Pemex, el problema es que López Obrador está dispuesto a invertir un dineral en una nueva refinería sin tocar el fondo, la carga impositiva y la carga laboral, lo cual, dicen los que saben, es echarle dinero bueno al malo.

La refinería de Dos Bocas tiene un enorme valor simbólico para la actual administración, pero podría ser también el Waterloo de la visión económica. No son pocos, entre ellos el Instituto Nacional del Petróleo (INP) los que consideran que Dos Bocas no es viable ni económica ni ambientalmente, pues difícilmente se verá un barril refinado antes de terminar el sexenio, su retorno económico es bajo, está en la cuenca con más refinerías del mundo (el Golfo de México) y generará un desastre ambiental en la zona. En una empresa técnicamente quebrada esta podría ser la acción que termine por sacar a Pemex del grado de inversión.

La cancelación del aeropuerto de Texcoco fue una decisión polémica por su impacto económico, pero sobre todo en la confianza de la inversión; la construcción de la refinería de Dos Bocas es una obsesión que puede convertirse en el punto de quiebre de Pemex: desde el punto de vista del Presidente, la salvación; desde una visión financiera, el hundimiento. 

(diego.petersen@informador.com.mx)

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