Miércoles, 19 de Febrero 2020
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La normalización de la Pax Narca

Por: Diego Petersen

La normalización de la Pax Narca

La normalización de la Pax Narca

¿El que no haya asesinatos en un Estado de la República es una buena noticia? En principio sí, el índice de muertes violentas por cada cien mil habitantes es uno de los indicadores de seguridad más importantes, pero no es lo mismo Yucatán que Sinaloa. En el Estado del Sureste hay una seguridad construida a base de buenas instituciones policiacas y un poder judicial más o menos decente (al menos en comparación con otros estados del país) mientras que en Sinaloa lo que existe es una Pax Narca. Hay pocos asesinatos, pero no por ausencia de violencia sino por un exceso de ella, por un control total del crimen organizado.

Ceder el poder al crimen organizado para reducir los índices de violencia es una salida falsa

En Sinaloa, el Gobierno federal, el del Estado y las instituciones civiles han renunciado no solo al Estado de derecho y al monopolio de la violencia legítima, sino al menor pudor. Unos meses después de la liberación de Ovidio Guzmán (esa que López Obrador definió como una guerra y que entre líneas nos dejó ver que el Estado había sido derrotado), su hermana Alejandrina Gisel, hija también de El Chapo, se casó este fin de semana con Édgar Cázares, sobrino Blanca Cázares, una de las operadoras de “El Mayo” Zambada. La boda fue en la catedral de Culiacán, lo que no tendría nada de extraño salvo que ésta fue cerrada con cinta amarilla y vigilada por guardias privados (eufemismo de guaruras) fuertemente armados, con toda la complicidad de las autoridades eclesiásticas, municipales y estatales.

La Pax Narca es la paz de los sepulcros. Ceder el poder al crimen organizado para reducir los índices de violencia es una salida falsa que no solo terminará inevitablemente sometiendo a la sociedad y al Estado, sino fortaleciendo al crimen y su lógica de violencia. En el sexenio pasado el presidente Peña Nieto premió con bombo y platillo la reducción de los índices de violencia en Nayarit, un Estado gobernado en ese momento por el gobernador priista Roberto Sandoval. No pasó mucho tiempo para que en Estados Unidos detuvieran al procurador que había logrado “la paz” entregando el Estado a un grupo del crimen organizado.

En Sinaloa el crimen organizado ha dado dos claras muestras de que ellos mandan, que pueden doblegar al Estado, a la iglesia y a la sociedad, operar con impunidad e incluso con displicencia y, lo más grave, sin que ya nadie se extrañe, levante la voz, proteste o al menos diga ya basta.

Lo único peor que la Pax Narca es la normalización de la Pax Narca.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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