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Jueves, 15 de Noviembre 2018
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La Nueva Constitución y el Amor

Por: Sergio Aguirre

La Nueva Constitución y el Amor

La Nueva Constitución y el Amor

Es inaudito. Y también claro —a menos de no quererlo o no poderlo ver—. A diferencia de Hugo Chávez, antes o previo a las elecciones donde obtuvo su lamentable victoria, López Obrador no está mintiendo. Al contrario. Nos está restregando en la cara su agenda. Escalofríantemente casi igual a la llamada bolivariana o del socialismo del S. XXI, derivado del Foro de Sao Paulo y descrito aquí la semana pasada.

La última. Su propuesta a llamar a una asamblea constituyente para crear una constitución moral. Bueno, todos han pegado un grito al cielo. ¿Moral? ¡Qué barbaridad! De acuerdo, pero eso no es lo más grave. Porque de entrada todas las constituciones contienen una gran parte de principios constitucionales de todo tipo. Y ellos son algo así como una traducción constitucional del deber moral o del deber ser —espero mis colegas me disculpen por tanta simplicidad, y no me agarren de carrilla—. Ahí están los derechos humanos, cuyo fundamento es axiológico. Las constituciones además contienen o deben contener (nosotros tenemos demasiadas normas constitucionales cuyo lugar más adecuado es la ley, pero ese es otro cuento) los procesos de poder y otras cosas. Lo básico de los procedimientos de acceso al poder, división de poderes-funciones, procesos parlamentarios, judiciales y ejecutivos: territorio y población. Por eso el simple nombre de “constitución moral” no me asusta.

El problema es el contexto. Y ahí sí, la palabra moral me pone los pelos de punta. En varios textos antes de las reformas ocurridas durante este sexenio, y pospuestas durante décadas incluso por el mismo PRI, llegué a la siguiente conclusión: es imposible reformar al país sin una nueva constitución —con el riesgo de guerra civil—. Yéndonos a un sistema semi o parlamentario. Incluso hasta describí los pasos o etapas para su creación. Por supuesto me equivoqué. Los astros se alinearon y la sensatez por fin aterrizó y mediante el llamado Pacto por México, logramos colocarnos en la ruta correcta y repito, pospuesta irresponsablemente por el mismo PRI. Con nuestro actual pacto político.

Las cosas ya cambiaron. ¿Pero es posible una nueva Constitución, una vez alcanzados los objetivos del lopezobradorismo? La primera resolución sería evidente: Reelección para DON MANUEL, EL JEFE DE JEFES. Indefinida. Y a eso llama. A una Constitución Amorosa. A una Constitución Cristiana. A una Nación Cristiana. Cuando ya es cristiana al menos en sus fundamentos. Por lo menos así parecemos. Pero hay que ser más cristianos. Abracemos Su entendimiento. Es el cura. El del cura Hidalgo. Nuestro cura que nos metió en una guerra civil que nos hizo pedazos. Desgració al país. Y preparó la invasión gringa. No es Juárez. No tiene nada que ver. López se parece más a Hidalgo. En su destrucción.

Él es él. El nuevo Cura. Un cura que al final de sus días acabará diciendo: me dejé llevar por el frenesí.
Espero no. No soy optimista.

sergio@aguirre-consultores.com.mx / @seraguirre

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