Martes, 11 de Mayo 2021

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Irritados

Por: Eugenio Ruiz Orozco

Irritados

Irritados

¿Por qué hay tantos mexicanos enojados?  ¿Son los únicos habitantes del planeta que se encuentran en ese estado emocional? ¿Hay personas en otras ciudades y países que también están irritados?  Si es así, ¿por qué?

Hace unos días fui testigo, en una oficina pública, de un hecho que llamó mi atención. Al transitar por un andador angosto, un señor involuntariamente testereó a otro, un incidente de los que cotidianamente suceden.  La reacción de uno de ellos fue absolutamente desproporcionada, comenzó a insultar al otro reclamándole el libre paso por el reducido espacio que teníamos obligadamente que compartir, conducta y actitud que lamentablemente se repite cotidianamente por los automovilistas en las calles de Guadalajara, nuestra ciudad. 

No llegó la sangre al río pero me quedé pesando en las  razones por las que nuestro comportamiento manifiesta un estado emocional alterado.

Si partimos del conocimiento de que los seres humanos vivimos en sociedad y no podemos hacerlo de otra manera, ¿por qué la tolerancia, imprescindible para convivir, cede su lugar a la confrontación?

No se requieren tres dedos de frente para entender que yo existo en tanto que los demás existen. Yo soy nadie sin el otro, y no puedo ser porque es el otro quien reconoce mi existencia, mi individualidad. Principio básico de cualquier asociación es el de complementariedad.

Las ciudades son la suma de personas que se agrupan para alcanzar propósitos que solo se logran integrando los talentos, capacidades, voluntades, habilidades y destrezas de cada uno. Cada cual aporta al capital social lo que tiene para lograr que todos vivamos con justicia, armonía, seguridad, equidad  y paz. 

Vivir en sociedad implica confianza, solidaridad, ayuda mutua, comprensión, colaboración, generosidad, apoyo, gratitud, y otros valores que facilitan la coexistencia y permiten que nuestras diferencias se superen a partir de un acuerdo fundamental: el respeto por los demás. 
¿Por qué entonces los antivalores han crecido? ¿Por qué las conductas antisociales se han incrementado en distintos países y regiones del mundo?
Aunque a todos mueven resortes diferentes hay una serie de coincidencias que no se pueden desestimar. 
La respuesta pudiera construirse a partir de distintas razones.
El modelo económico sobre el que ha gravitado el mundo en las últimas décadas no ha resuelto las necesidades básicas de las mayorías, ni ha cubierto las aspiraciones de enormes sectores de la población que se sienten frustrados por no alcanzar los niveles de bienestar de las naciones desarrolladas, integradas por aquellas sociedades cuyos estándares de satisfacción son superiores: ciudadanos con mayor ingresos per capita, sistemas de solidaridad social eficientes y redistributivos, alta calidad de los servicios públicos, honestidad y sanciones inconmutables para quienes transgreden la ley. 
Si agregamos a lo anterior el papel de las redes sociales que generan  enorme cantidad de información indiscriminada, el nuevo rol de las mujeres, el resurgimiento de los nacionalismos, una visión diferente del Estado y sus responsabilidades, el crecimiento de estructuras delictivas con base social, y las desviaciones en la conducta de algunos gobernantes cuya falta de ética e inmoralidad se han hecho evidentes, podríamos encontrar las pistas sobre los porqués de la situación emocional que alteran el comportamiento del ciudadano.