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Lunes, 20 de Agosto 2018

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Hay lugar para el optimismo

Por: Pablo Latapí

Hay lugar para el optimismo

Hay lugar para el optimismo

Para hablar de optimismo, sin ingenuidad, es necesario partir de un hecho: México no es un gran país. Está tomado por grupos de narcos que dominan el territorio nacional, tienen cooptados a los cuerpos de seguridad y gobiernos, y es cuando hay roces entre ellos que vivimos balaceras, ejecuciones y violentas matazones. Tenemos una clase gobernante que vive en la simulación, y lejos de atacar los grandes problemas de pobreza y salud de la población, opera para enriquecerse y hacer mal la chamba. Y tenemos una población que lejos de ayudar perjudica la situación con su apatía y aprovecha el estado de impunidad y falta de aplicación de las leyes para cometer todo tipo de faltas en perjuicio del resto de la población.

¿Cómo puede entonces hablarse de optimismo?

Y es que en el mundo hay toda una corriente de pensamiento que a partir de los grandes problemas mundiales de contaminación, de inequidad en la distribución de la riqueza, de inoperancia de la política tradicional y la llegada de regímenes totalitarios, busca y encuentra señales de que en esencia somos más proclives al optimismo que al pesimismo.

Y para ello se buscan, y se encuentran, numerosas muestras y ejemplos de personas y grupos que le apuestan a emprender acciones que no podrían sobrevivir de no ser por el optimismo. ¿Cómo puede, por ejemplo, un joven dedicar un esfuerzo a veces sobrehumano para estudiar una carrera universitaria, con la idea de que será un gran proyecto de vida, cuando las posibilidades de que obtenga un buen empleo y remuneración son mínimas?

Sólo porque se alimenta del optimismo.

Y lo mismo ocurre con comunidades en un entorno de carencias y desánimo, que echan a andar proyectos que no serán innovaciones extraordinarias, pero sí pequeños factores para una vida mejor.

Y entonces México no es un gran país, es cierto, pero sí es un país donde pasan pequeñas grandes cosas que son las que dan aliento en un entorno tan complicado.

Cuando a todas luces las fórmulas de política tradicional se han agotado, y los candidatos vuelven con el mismo estilo rancio de atacar y prometer, todavía hay parte de la población que se emociona con la posibilidad de que gane uno u otro.

Sólo se explica por el optimismo.

Pero más importantes son los esfuerzos, al margen completamente de la vida política, de personas que ejecutan sus propios proyectos ambientales, sociales y económicos, dando un poco de oxígeno a la vida nacional.

Y por supuesto entonces que hay lugar para el optimismo, sin ingenuidad, a pesar de que el entorno nos invitaría a pensar exactamente al revés.
 

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