Domingo, 05 de Diciembre 2021

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Harriet Hardy Taylor Mill, lucha por la igualdad, amor y convicción

Por: Luis Ernesto Salomón

Harriet Hardy Taylor Mill, lucha por la igualdad, amor y convicción

Harriet Hardy Taylor Mill, lucha por la igualdad, amor y convicción

Cuando Harriet Hardy asumió el desafío de combinar las tareas intelectuales con el amor y la vida cotidiana de una mujer de clase acomodada en Londres, no imaginaba que dos siglos después sería un símbolo del feminismo. 

Había nacido en 1807, y cuando tenía 18 años contrajo matrimonio con un próspero farmacéutico, convirtiéndose en la señora Harriet Taylor, con quien tuvo tres hijos. La joven pareja pertenecía al círculo de liberales en torno a las ideas utilitaristas de Jeremy Bentham. Profesaban la fe en la comunidad de la iglesia unitaria cuyo ministro William Johnson Fox propició una cena entre amigos que cambió la vida de Harriet. Esa noche conoció a John Stuart Mill. Era el verano de 1830; ella tenía veintitrés años, él veinticinco. Un flechazo atravesó mente y corazón de ambos, con una profunda atracción intelectual.

A la cena había llegado del brazo de su marido, John Taylor. De inmediato percibió en el joven Mill su sensibilidad, y gusto por las letras; la conversación entre ambos encontró un sentido que completaba no sólo sus afectos sino, sus razones; así que él buscó ocasión de volverla a encontrar; y lo hizo muchas veces durante los veinte años que pasaron antes de que Harriet se convirtiera en su esposa.  

Se encontraban con frecuencia en el zoológico de Londres, frente a la jaula del rinoceronte, quién con su cuerno mágico fue testigo de sus conversaciones apasionadas y reflexiones profundas. Los textos iban y venían en las citas furtivas y en las cartas, en las que ella recordaba al amigo: Rino. 

La situación era difícil: en primer lugar la salud de ambos no era la mejor, y los acuerdos para verse, que eran aceptados a regañadientes por el marido, convertían a la amistad entre ambos en motivo de incomodos comentarios. Mucho se ha escrito sobre el sentido puramente intelectual de la relación o de cierta vocación ascética, pero dadas las cartas escritas entre ambos, es claro que el amor los atrapó desde el principio.

Se casaron finalmente en 1851, luego de la muerte de su esposo. Harriet se convirtió en la señora Mill, y con dos de sus hijos se mudaron a una casa en Blackheath Park, un suburbio de Londres. Mill, congruente con sus ideas, al casarse firmó un documento en el que renunciaba a los derechos sobre Harriet. 

La pareja se asumió como un ejemplo de ruptura del modelo patriarcal de su tiempo, por lo que Mill recibía recriminaciones incluso de su propia familia. La libertad de pensar los impulsó a plantear la igualdad de géneros en textos publicados en las revistas de la época. El más destacado fue el ensayo de ella titulado, La Emancipación de la Mujer, de 1851. Acordaron que su marido firmase en su lugar, para que la denuncia tuviera más eco, por tratarse de un caballero reconocido por la clase popular. Mill se convirtió en el gran aliado del naciente movimiento feminista que pugnaba por la igualdad. 

Mill recogería luego gran parte de la visión feminista de Harriet Taylor en su obra El sometimiento de la mujer. Mill reconoció siempre la influencia de su pensamiento en sus obras, entre ellas la más conocida, Sobre La Libertad, en cuya dedicatoria se lee: “Como todo lo que he escrito desde hace muchos años, esta obra es suya tanto como mía… Si yo fuera capaz de interpretar la mitad solamente de los grandes pensamientos y de los nobles sentimientos que con ella han sido enterrados, el mundo, con mediación mía, obtendría un fruto mayor que de todo lo que yo pueda escribir sin su inspiración y sin la ayuda de su cordura casi sin rival.” 

Las enfermedades pulmonares rondaron a la pareja que buscó mejor clima en el Sur de Francia, en donde la tuberculosos cegó la vida de Harriet prematuramente en 1858 cuando contaba con 51 años. Una vida tan compleja como inspiradora que mantuvo el amor y la convicción hasta el final de su última lucha, merece ser recordada casi dos siglos después.

luisernestosalomon@gmail.com

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