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Martes, 19 de Junio 2018
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Gracias, no quiero ser diana

Por: Lourdes Bueno

Gracias, no quiero ser diana

Gracias, no quiero ser diana

La incorporación de la mujer en la vida productiva actual ha sido plena, la industria, los servicios, el sector comercial, de salud, de educación, de entretenimiento, se han beneficiado de ello. Sin embargo, a pesar de que las mujeres son el 38% de la población económicamente activa en México, sólo el 10% recibe un salario de 10 mil pesos o más y, apenas el 0.7% reciben salarios de 21 mil pesos o más. Lo que revela lo que algunos expertos llaman la cultura del posmachismo en México.

Las mujeres son el 51.4% de la población total del país, pero sólo una de cada dos estudiantes de nivel superior es mujer. El 10.6% de las mujeres de 15 años o más es analfabeta, en cambio, sólo el 8% de hombres está en esa condición. En el nivel primaria, secundaria y bachillerato, las mujeres tienen mejores calificaciones, pero en el mercado laboral los empleos mejor pagados son asignados preferentemente a los hombres, aunque sea una mujer quien haga el trabajo.

Una difícil situación que tiene otra filosa daga: la violencia física contra la mujer, feminicidios que en el país se han vuelto un problema creciente, no resuelto. Ambiente de extrema violencia donde dos mujeres mueren cada día por el sólo hecho de ser mujeres. Y de acuerdo con Torreblanca y Merino, de las mujeres asesinadas el 32% lo son dentro de su hogar, sitio donde debieran estar protegidas, siendo además los parques, el trabajo, el transporte público o las calles los lugares donde las niñas, jóvenes y mujeres son agredidas en manera violenta. Y la forma de los asesinatos también resulta reveladora, ya que las mujeres son ahorcadas o ahogadas 20% más que los hombres, lo que revela que la fuerza corporal interviene en esas muertes, las que se dan precisamente por ser mujeres, una de las premisas para declararlo feminicidio.

Y no se trata de más leyes, el problema de la inseguridad y, particularmente, de la violencia contra la mujer son las actuales estrategias, la falta de capacitación de la policía y de los ministerios públicos, es decir, la implementación de las normas existentes.

Pero como si este gabinete hubiera reconocido que en el país no hay autoridad civil capaz de frenar la inseguridad, la Cámara de Diputados dio luz verde a la Ley de Seguridad Interior, que ofrece legalidad a las acciones del Ejército, y mayor injerencia en tiempos electorales, pero que no pugna por formar cuerpos policiales profesionalizados. Luego, la violencia en el país no se resolverá.

Inseguridad de todos, especialmente contra la mujer en un país donde las instituciones no le ofrecen la indispensable protección. Y la sociedad ha encontrado nuevas formas con el mismo fondo de violencia contra las mujeres, el “posmachismo” cultural donde las agresiones se vuelven chistes o se justifican, pero siempre se tapan, se archivan, se olvidan.

Cultura que normaliza la violencia contra la mujer en todas sus formas con frases como: “el acoso y la violencia sexual es porque ellas la provocan...” Ambiente hostil que ha puesto a la mujer actual como la diana de arteras y mortales agresiones.

Una situación grave que ha hecho que, el 27 de noviembre, la ONU ponga especial énfasis en luchar por la No Violencia Contra la Mujer en el país. Pero ese día también, en México, y por la negligencia de los responsables de seguridad de esta administración sexenal estatal y federal, asesinaron dos mujeres más.

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