Sábado, 24 de Octubre 2020

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El pueblo y la ley

Por: Diego Petersen

El pueblo y la ley

El pueblo y la ley

Ahora sí que, parafraseando a uno de mis clásicos favoritos, Groucho Marx, López Obrador podría decir, “yo soy muy respetuoso de la ley, pero si no me sirve, hago otra”. De hecho, lo dijo, con otras palabras. Primero amenazó a la Corte que si no le daban la consulta modificaría el artículo 35 para cambiar las normas de la consulta popular. Después dijo que el pueblo estaba por encima de la ley, y lo que decida el pueblo, esa entelequia que él y sólo él representa, se hace. Finalmente, el senador Ricardo Monreal, por instrucciones o para quedar bien con el presidente -o quizá alentado por esa profunda convicción democrática de que lo que es bueno para Morena es bueno por lo tanto para el pueblo-, propone modificar la Constitución para que la consulta sobre el juicio los expresidentes sea el mismo día de la elección constitucional del 2021. 

Aislada cada una de las frases parecen un desatino, más aún de lo que nos tienen tan acostumbrados los políticos. En conjunto, parecen más una declaración de principios, un fuera máscaras de cara a la elección intermedia que será un referéndum en más de un sentido. 

En nombre del pueblo que el presidente se abroga el derecho de representación exclusiva, el Ejecutivo usa el poder para minar todo aquello que le estorba

Nada tiene de extraño que un partido que llega al poder plantee los cambios que considera deben hacerse. Para eso fueron electos: Morena está ahí entre otras cosas con el mandato de evitar la corrupción y los abusos de sucesivos gobiernos de PAN y PRI. El presidente, muy a su estilo, interpretó el triunfo arrollador en las elecciones del 2018 como un mandato de cambio de régimen que implica transformaciones sustanciales a la estructura del país. Esas grandes transformaciones, dijo, serían en la segunda parte de su periodo (tal como lo hizo en su momento Carlos Salinas de la mano del PAN). 

La pandemia, la crisis económica derivada de ella, la falta de resultados y problemas de operación del gobierno morenista han llevado al presidente a subir el tono y buscar estrategias políticas que le permitan fortalecer su posición de cara a la próxima elección. Una de ellas ha sido llevar al límite la relación con otros poderes y elevar al máximo la figura presidencial. Lo que estamos viviendo es un populismo autoritario donde en nombre del pueblo que el presidente se abroga el derecho de representación exclusiva, el Ejecutivo usa el poder para minar todo aquello que le estorba. 

El poder es para ejercerlo, diría un clásico. Y sí, sin duda, y las instituciones y las leyes para evitar el abuso de poder de quien sea. El pueblo es soberano y su representación en la Cámara de Diputados tiene la facultad de cambiar las leyes que considere necesarias. Lo que no pueden hacer ni el presidente, ni los diputados, ni los senadores ni el pueblo mismo es estar por encima de la ley.

diego.petersen@informador.com.mx

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