La peor pesadilla de quienes detestan a López Obrador es que se reelija. Son ellos, el grupo de fieles enemigos del presidente, los únicos que hablan de reelección. Hoy por hoy, eso es legalmente imposible y en nuestra cultura política el más castigado de los pecados.López Obrador dice que, terminando su periodo, se irá literalmente a su rancho, de tan sonoro nombre, a escribir una gran obra sobre el conservadurismo. Y sí, hay quienes pensamos que tiene mucho que aportar en esa materia, pues en la agenda de ampliación de libertades, que diferencia a los liberales de los conservadores, él ha sido uno de los presidentes más retrógradas: sus reacciones frente al movimiento feminista, su posición sobre temas como interrupción legal del embarazo o legalización de la marihuana y su concepción de familia lo colocan al lado de los conservadores de este país. Pero ya sabemos que López Obrador tiene siempre su narrativa y sus datos y que, desde su posición del poderoso que todo decide y todo nombra, conservador es aquel que no está de acuerdo con él. Lo que el presidente quiso decir es que se dedicará a escribir sobre todos aquellos que no comparten su visión y no lo adulan (tres tomos será poco).Dice el presidente que, a diferencia de la oposición, en Morena hay una nueva generación que puede entrar al relevo. En eso tiene toda la razón: en la oposición no hay más que los mismos rostros con las mismas ideas y, si me apuran, los mismos vicios. Hoy por hoy, lo más probable es que Morena repita en la presidencia, pero falta muchísimo para esa elección y la pregunta, en todo caso, es qué país va a recibir la o el siguiente presidente.Me temo que, aun siendo optimistas, López Obrador heredará una papa caliente, sea quien sea el sucesor. Por una mezcla entre factores externos (pandemia) e internos (sus propias decisiones) en materia económica, dejará un país con un crecimiento cercano a cero, lo que implica un PIB per cápita entre cinco y seis por ciento menor a como inició el sexenio. En lo referente a la pobreza, su gran bandera, si todo sale bien en los próximos años, ajustará apenas para reponer lo perdido en este año y las cifras estarán prácticamente igual a como las recibió. Gane quien gane, políticamente el próximo presidente recibirá un país profundamente dividido y con enormes fracturas. Por si fuera poco, heredará un gobierno federal obeso pero inoperante y desinstitucionalizado.“Ya hay un relevo generacional”, es el mensaje para los viejos, para los compañeros de batallas del presidente que quedaron formalmente invitados a irse al rancho de Palenque y más allá. Para los más jóvenes el mensaje es que la decisión la tomará él y solo él. Se abre la temporada de lambisconería, la incesante búsqueda de la mirada de tus ojos.diego.petersen@informador.com.mx