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Miércoles, 22 de Mayo 2019
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El legado de Tito

Por: Raúl Romero

El legado de Tito

El legado de Tito

Si el Barcelona se corona campeón el sábado, como parece probable, el título podría ser dedicado a Tito Vilanova, quien personificó como pocos los valores del club y falleció un día como hoy de hace cinco años.

La historia de Vilanova no se entendería sin Pep Guardiola, uno de los mejores entrenadores del futbol actual, pero es posible que la ecuación funcione también al contrario.

Vilanova y Guardiola se encontraron por primera vez como jugadores del Barcelona B. Ambos eran centrocampistas, pero desde entonces se complementaban. Pep era impetuoso, mientras Tito se caracterizaba por ser metódico. Una vez colgados los botines iban a mantener esa dinámica como entrenador y auxiliar, primero al frente del Barcelona B y después al mando del primer equipo.

Ocupando siempre los márgenes de las fotografías en las que Guardiola era el sujeto principal, Vilanova estudiaba a los rivales y daba también apoyo emocional a su impetuoso amigo.

“Si echan a Rikjaard quieren que me encargue del primer equipo, ¿crees que estamos listos?”, le preguntó un dubitativo Guardiola a su amigo en 2008.

“¿Tú? Estás más que preparado”, respondió Vilanova, y así inició una de las eras más brillantes en la historia del club catalán.

Vilanova era la mano derecha de Guardiola, para quien las opiniones de su compañero en La Masia eran prácticamente certezas.

“Si estás fichando por el Barcelona es por Tito Vilanova. Sólo te he visto jugar un par de veces, realmente no te conozco tan bien, pero Tito tiene fe en ti”, advirtió Guardiola al defensa Gerard Piqué, que es hoy uno de los principales símbolos del Barcelona.

El secreto del éxito de la relación Vilanova-Guardiola era que el técnico sabía descifrar a su auxiliar, que antes que gritar prefería hablar en voz baja.

“Me encuentro muy cómodo con Pep porque me concede una especie de papel destacado, me escucha y me da una voz dentro del equipo”, decía Vilanova.

La comunicación entre ambos no siempre requería palabras. Guardiola estudiaba la cara de Villanova, y sus gestos (o la falta de ellos) le hacían comprender si una idea era buena o no.

Juntos, los dos amigos de La Masia ganaron 14 trofeos para el Barcelona entre 2008 y 2012, desplegando en el campo un futbol vertiginoso e inteligente que es un legado a la historia del balompié.

Fatigado por el peso de su propio éxito, Guardiola dejó el Barcelona y Vilanova ocupó su lugar. Parecía una sucesión ideal, pero se interpuso el cáncer de la glándula parótida que le fue detectado por primera vez en 2011 al entonces auxiliar.

La relación entre Vilanova y Guardiola se resquebrajó. Pep pensaba que el club había usado la enfermedad de su ex auxiliar para atacarlo. Los dos se reconciliaron antes de la muerte de Tito, que logró guiar al Barcelona al título en un torneo en que los blaugrana sumaron 100 puntos, aunque su legado va más allá de una copa en un anaquel.

“Tito fue el primero que confió en mí. Era suplente, pero él me puso de titular en el equipo Sub-16”, escribió Lionel Messi en Twitter aquel 25 de abril de 2014.

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