De todas las “ocurrencias” del presidente de la república, ninguna como la de ayer: comenzar la venta de los boletos de la rifa del “avión sin avión” el 9 de marzo, el mismo día en que está convocado el paro de las mujeres en todo el país.Nadie puede decir que es coincidencia, pues en el remoto caso de que alguien lo haya pensado sin estar enterado de la convocatoria del paro de mujeres ese lunes, el presidente lo tiene más que presente. El punto de quiebre de López Obrador con los movimientos feministas fue cuando respondió en una rueda de prensa mañanera que no quería que los feminicidios distrajeran la atención del país de lo que para él era importante: la rifa del avión.En ese contexto, el anuncio hecho ayer no puede ser interpretado sino como lo que es: una provocación.¿Qué gana el presidente con esta decisión? En realidad nada. Si alguien cree que esa noticia opacará el paro de mujeres está muy equivocado. Independientemente del número de personas que decidan unirse a la manifestación, del efecto que pueda tener el paro en las zonas urbanas o del número de boletos que se vendan, la nota de ese día y del día siguiente será sin duda el movimiento de las mujeres, incluso en el remoto caso de que llegara a fracasar.Se requiere tener una autoestima muy grande, un ego muy crecido, para intentar no solo competir con el paro, sino pensar que en este país solo hay lugar para la agenda del presidente. Si, como diría el escritor Juan Pablo Villalobos, viviéramos en un lugar normal, a nadie se le ocurriría competirle a la agenda al movimiento social más importante de los últimos años. Pero no, no vivimos en un lugar normal, vivimos en un país en el que el presidente no quiere sombras, en el que él es el centro y solo los que giran a su alrededor merecen ser considerados parte del sistema solar; lo demás es basura cósmica.Hay algo de infantil y de perverso en esta actitud del presidente, que pareciera que no soporta perder la mirada de los adultos o que alguien haga alguna gracia que no esté en su guion. El país es lo que él haga y decida, lo demás contraviene el destino manifiesto de su transformación. Pero, cual bañista en las playas del Pacífico, cuanto más se oponga a la ola feminista que está a punto de reventar, más dura será la revolcada.(diego.petersen@informador.com.mx)