Viernes, 10 de Octubre 2025

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Economía: quietos y en primera

Por: Diego Petersen

Economía: quietos y en primera

Economía: quietos y en primera

Siguiendo la lógica de “El mago” Septién y del Presidente López Obrador de que no hay situación en la vida que no pueda ilustrarse con una metáfora beisbolera, la interpretación de los datos del crecimiento del PIB dados a conocer por el INEGI podría ser simplemente “quietos y en primera”. Que nadie arranque para segunda porque el Gobierno no ha pegado hit, pero tampoco estamos en tres y dos a punto del ponche con dos outs como para salir corriendo en la siguiente pichada.

El crecimiento de la economía es malo comparado con los primeros trimestres año contra año (0.2% de crecimiento) y muy malo comparado con el último trimestre del 2018 contra el primero de 2019 (-0.2%) pero nada distinto a lo esperado. Es cierto que el Presidente en su retórica del optimismo cotidiano rechazó los pronósticos que advertían ya un estancamiento de la economía, pero las instituciones económicas del Estado, tanto Banxico como Hacienda, lo habían ya advertido.

Son dos las principales causas de esta desaceleración: por un lado, la incapacidad de todo Gobierno nuevo de ejercer el gasto, lo que genera una disminución de la inversión pública y, por otro, muchos proyectos de inversión privada detenidos ante la falta de señales claras, exceso de contradicciones o incluso decisiones mal recibidas por los mercados.

Los problemas para gastar no son exclusivos del Gobierno de López Obrador. La desconfianza en el Gobierno anterior y la falta de experiencia de todo Gobierno nuevo genera parálisis en la inversión pública

Los problemas para gastar no son exclusivos del Gobierno de López Obrador. La desconfianza en el Gobierno anterior y la falta de experiencia de todo Gobierno nuevo genera parálisis en la inversión pública. Aunque perezca extraño, pocas cosas hay tan complicadas como ejercer el gasto en la administración federal, y si a eso le sumamos que todos piensan (no sin razón) que los de atrás eran unos transas, la parálisis es casi total.

La inversión privada, por su parte, no acaba de entender las señales que leen como contradictorias. Por cada discurso de apapacho a los inversionistas hay dos declaraciones tronantes contra los empresarios. Por cada buena señal de la marcha económica, como el desempeño de la moneda, la estabilidad del gasto, el estricto control presupuestal, el Presidente manda una que pone en duda el futuro de la economía, como la falta de un plan financiero realista para Pemex o decisiones no suficientemente sustentadas y que parecen contradecir la lógica económica, como la refinería de Dos Bocas, el tren Transístmico, el aeropuerto de Santa Lucía, etcétera.

La falta de crecimiento es, pues, un reflejo de lo que ha sido este arranque de sexenio en el que se habla mucho, muchísimo, pero se ha hecho poco: mucho menos de lo bueno que hablan los creyentes de la 4T, y mucho menos de lo malo que hablan sus detractores. El gran reto para todos, ciudadanos y Gobierno, pero particularmente para el Presidente, es romper con esa parálisis que nos tiene a todos quietos y en primera

(diego.petersen@informador.com.mx)

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