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Lunes, 25 de Marzo 2019

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Diario de un snob

Por: El Duque De Tlaquepaque

Diario de un snob

Diario de un snob

* ¿30 años no son nada?

* Recordando una boda de película… Hace ya tres décadas.

* Se casaban Ma. Luisa Urrea Hernández-Dávila y Javier Lomelín Ogarrio.

* La antigua Hacienda de San Diego, espectacular escenario.

Y bueno, ya pasaron 30 años de la primera de las bodas de muchas que nos tocó asistir de miembros de la familia URREA CARROLL... unas en su bellísima casa de Chapala y otras más en la antigua Hacienda de San Diego, cuyos inmediatos dueños anteriores habían sido los L. CORCUERA Y RIBA. Gratísimos recuerdos de esta celebración pues entonces éramos amigos de la joven y atractiva pareja (todavía lo somos pero la cibernética y las redes sociales en vez de acercar ¡alejan!) Al “Arqui”, como llamamos siempre a JAVIER, lo conocíamos desde los tiempos de la Prepa Uno y por amigos comunes como ALEJANDRO TOPETE SEÑKOWSKI, o JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ, sobre todo que estuvimos a punto de estudiar Arquitectura en vez de Derecho. A GUICHITA, como siempre le llamamos de cariño, la solíamos pasar a visitar junto a un amigo de la época, ARTURO CUEVAS RAMÍREZ cuando aún vivía ella y su familia en una bella e impecablemente decorada casa sobre Av. Américas y no fallábamos al ir a verla montar en los cotidianos concursos hípicos en los que llegó a destacar. De tal suerte que haciendo nuestros pininos como cronista de sociales y, a la vez tomando nuestras fotografías no podíamos dejar de asistir a esta sensacional boda, en la que el inolvidable PEPE MEDRANO Y G. DE QUEVEDO se lució con la decoración y así reutilizó las ruinas de la original capilla de la Hacienda que data del S. VII para allí montar el altar. Una época en la que los grandes protagonistas lo eran los novios como los invitados, contrario a lo que sucede hoy en día en que la exagerada y sobrecargada decoración hace que los invitados apenas se vean ¡Ese mismo día! y un poco más tarde se casaban en Cuernavaca en otra boda de película ALEJANDRA ALEMÁN KOIDL y JAVIER BURILLO AZCÁRRAGA... a la que habíamos confirmado nuestra asistencia y en la que habíamos quedado formalmente en encontrarnos con amigos llegados de París ex profeso a la boda... Lo que parecía imposible pues lo logramos... ¡Cubrir ambas bodas! Apenas alcanzamos a fotografiar la ceremonia religiosa y a algunos de los más elegantes invitados de entre cientos de estos de entre la “flor y nata” de la sociedad tapatía y muchos llegados de otras ciudades. Inolvidable boda pues aún vivían Don RAÚL URREA AVILÉS y MARÍA LUISA HERNÁNDEZ-DÁVILA, abuelo y mamá, respectivamente, de la novia... inolvidable la concurrencia, como el bellísimo día, la decoración, la elegante presencia de otros personajes que ya no están y por supuesto la felicidad de la familia de ver casar a la primera nieta del clan con el apuesto Arq. LOMELÍN… Todo se conjuntó para que fuera una boda auténticamente tapatía de película y más. Felicitamos a GUICHITA y JAVIER por su aniversario... ¿Cómo logramos llegar a Cuernavaca a la otra boda ya citada con más de mil invitados internacionales...? ¡Solo Dios lo sabe! Pues de la Hacienda de San Diego nos trasladamos con lo puesto en nuestro auto al aeropuerto y tomamos el primer vuelo que encontramos a Ciudad de México y por suerte al llegar… nos topamos con un amigo de NY que iba también a la boda y le estaba esperando un chofer... Así logramos cubrir ambas bodas, una más elegante que otra y ambas fueron dos de los grandes acontecimientos de aquel 1989. Como epílogo apenas llegar a la fiesta en Cuernavaca nos topamos con ROBERTO SAHAGÚN y MAYI MTZ. BARONE de SAHAGÚN, entre un mundo de auténticos Jet-setters. Las celebraciones de la boda de la hija menor del ex presidente MIGUEL ALEMÁN duraron dos días más. Pero con todo y esto recuerdo con particular cariño la de GUICHA y el “Arqui” JAVIER... después vendrían muchas más bodas de esta notable familia que en su momento valdría la pena volver a publicar... y por ahora ¡COOORTE!

Parece que fue ayer y ya pasaron 30 años de la boda de Guicha Urrea Hernández-Dávila y Javier Lomelín Ogarrio. Aquí en la foto oficial y teniendo como fondo la terraza de la Hacienda de San Diego vemos a los novios al centro y la familia de la novia: Willy Urrea Carroll, Paloma Urrea, Don Raúl Urrea Avilés y la encantadora Ma. Luisa Hernández-Dávila de Urrea (estos dos últimos de feliz memoria).
Desde hace 30 años hemos venido asistiendo a casi todas las bodas de los Urrea Carroll en sus distintas versiones, pero esta y dos más la recuerdo como de película. En esta imagen muy circunspectos los novios al centro y a los extremos Jorge Lomelín Castañeda y Carmelita Ogarrio de Lomelín, papás del novio.
Una sensacional y carismática pareja como pocas que yo recuerde lo fueron Jesús Carlos Urrea Carroll y la siempre elegante Ana Rosa Villaseñor de Urrea, aquí impecables como siempre y ambos destilando sencillez y simpatía.
Una auténtica figura social aunque ella lo niegue: Mari Martínez-Negrete de Aguilar, aquí perfectamente ataviada y ensombrerada para una boda como la que nos ocupa.
La antigua Hacienda de San Diego entre sus últimos propietarios a través de por lo menos tres siglos lo fueron los L. Corcuera y Riba. Aquí vemos a una pareja en verdad encantadora: Angie y Poncho Corcuera Garza, los que no faltaron nunca a todas las fiestas y bodas en lo que fuera el antiguo lar de esta notable familia tapatía.
La atractiva pareja de Javier y Guicha ante el sensacional altar que Pepe Medrano (de muy feliz memoria) había montado y decorado en lo que fueran las ruinas de la original capilla de la Hacienda de San Diego en el siglo XVII… ¡simplemente espectacular!

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