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Martes, 22 de Mayo 2018

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Diario de un snob

Por: El Duque De Tlaquepaque

Diario de un snob

Diario de un snob

• A 205 años del natalicio del célebre Dr. “Gonzalitos”.
• Tapatío de pura cepa, desarrolló su carrera en Monterrey.
• Tal vez es uno de los tres personajes más sobresalientes en la historia de Nuevo León.
• Pronto será también el 130 aniversario de su fallecimiento.

Nuestro personaje homenajeado en las páginas de este diario el día de hoy corresponden a un grandísimo personaje tapatío de pura cepa como (creo) no los hay más. Doctor en medicina, gran humanista, historiador, geógrafo, investigador, filósofo, farmacólogo y hasta político noble y justo.

Nos referimos al Dr. JOSÉ ELEUTERIO GONZÁLEZ MENDOZA a los 205 años de su natalicio (Guadalajara, Febrero 20 de 1813) y además un 28 de Febrero también pero de 1833 se radica definitivamente en Monterrey, ciudad que aunque capital del Nuevo Reino de León no era entonces sino un pequeño poblado carente de los más esenciales servicios públicos como lo es y era la atención medica así como establecimientos farmacéuticos ya no digamos una Escuela de Medicina. Su llegada a aquella agreste región obedece a una obra de la casualidad, de la Divina Providencia o del destino a través de un misionero franciscano de nombre FRAY GABRIEL al que aquel había atendido oportunamente aquí en Guadalajara. El contacto y el trato con el religioso cambió el derrotero del joven pasante en medicina GONZÁLEZ al pedirle que le acompañara a San Luis Potosí y posteriormente a Monterrey, accediendo a la petición del misionero quedó sellado para siempre el destino de JOSÉ ELEUTERIO y que en Nuevo León es una especie de Santo y al que por su bondad y humanista recibió el apodo de GONZALITOS (como se llama en su honor una de las más importantes avenidas de aquella industriosa capital).

No es nuestra intención hacer una exhaustiva apología de sus virtudes y de todo cuanto hizo por Monterrey, sus habitantes y sus instituciones, baste señalar que es sin duda uno de los tres personajes más importantes en la historia de aquella ciudad desde su fundación y hasta nuestros días. Llegó incluso a ocupar el sitial de Gobernador sin descuidar su labor como médico de las clases más necesitadas. A pesar de todo, en su vida privada sufrió uno de esos “reveses de la fortuna” al casarse con una bella dama de la buena sociedad la que a la llegada del Gral. MARIANO ARISTA como comandante militar de la región este se enamora de la joven esposa la que sin dudarlo se marcha a vivir con ARISTA, dejando a GONZALITOS en medio de una gran pena. La rueda de la fortuna en donde la realidad supera a la ficción hace que la señora quede encinta del Gral. ARISTA, y a punto de morir por un parto prematuro y estando ARISTA en campaña tuvo que acudir el mejor galeno a atenderla y, que no era otro que aquel que aún era su esposo y que ella había abandonado sin mayor misericordia. En otra ocasión es al Gral. ARISTA al que le toca atender ante una inminente situación de vida o muerte, aún y que este había intentado desterrar a GONZALITOS de Monterrey, salvándole así la vida.

Y si la memoria no nos falla, ARISTA ni siquiera se acabó casando con la infiel dama. Al llegar a ser Presidente de la Nación, éste estaba casado en segundas nupcias con una viuda de nombre GUADALUPE MARTEL de BARRADAS a la que también abandonó en medio del escándalo de exhibirse con diferentes mujeres. ¡Todo un Don Juan! En tanto la que había sido esposa de GONZALITOS fallece en la miseria en Cd. de México aunque secretamente al parecer el galeno tapatío nunca dejó de ayudarla de manera oculta y a través de terceras personas. Esta historia que parece una novela por “entregas” como se estilaba en el romanticismo del S. XIX al parecer fue más que verídica y, para imprimir mayor dramatismo y pesadumbre a nuestro personaje de hoy, éste queda ciego y su sapiencia era tal que atendía e incluso realizaba intervenciones quirúrgicas con el solo tacto.

Toda una eminencia en el más amplio sentido de la palabra. Antes de morir y después de que se somete a una delicada operación en Nueva York, recupera la vista de su ojo derecho y fue tal la alegría de los regiomontanos que a su regreso y enterados de la noticia las campanas echaron a vuelo y se le recibió en la frontera con el Himno Nacional. Al ser electo Gobernador de Nuevo León en 1876, señaló: “No se me han dado el poder para que domine, sino para ser un servidor; no para ser un corifeo de un Partido, sino para ser el jefe de un Estado de hombres libres... igual con todos e igual para todos pues todos somos iguales ante Dios y ante las Leyes”. GONZALITOS fallece un 4 de Abril de 1888, pronto serán 130 años de su fallecimiento. En su ataúd se grabó la inscripción: “No se perderá su memoria y su nombre se repetirá de generación en generación”, finaliza así la azarosa vida de un auténtico benemérito que como otros tantos tapatíos engrandeció el nombre de Monterrey.

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