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Miércoles, 21 de Noviembre 2018

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Día cero de la Era AMLO

Por: Jorge Zepeda Patterrson

Día cero de la Era AMLO

Día cero de la Era AMLO

El tema no es si el arroz ya se coció (la ventaja de López Obrador es abrumadora) sino qué pasará con los negritos del arroz cocido. O dicho de otra manera, cuál es el país que vendrá a partir del día cero cuando la mayor parte de los votantes mexicanos conviertan al tabasqueño en el próximo presidente. El líder de Morena se ha propuesto ni más ni menos que un cambio de régimen. Muchos ciudadanos, hartos de los excesos y corruptelas del sistema, están de acuerdo con él. Pero más allá de eso, sabemos muy poco de lo que nos depara el futuro.

Pero eso comenzará a suceder al termino de la jornada electoral. ¿Qué podemos esperar en el transcurso de esta? En mi opinión, el resultado será anticlimático: no habrá sorpresas mayores. Los votantes acudirán a las urnas en buen número, Andrés Manuel López Obrador obtendrá más de la mitad de los sufragios y en los siguientes días habrá una disputa en tribunales en torno a varios distritos que pueden ampliar o quitar la mayoría de Morena y sus aliados en el Congreso.

Desde luego existirán incidentes a todo lo largo del primero de julio. Casillas no instaladas, carruseles detectados, urnas robadas, intimidaciones y algunas balaceras esporádicas. Pero me parece que serán hechos aislados y se quedarán muy cortos para afectar el resultado de unas elecciones en las que existe una ventaja tan abrumadora de parte del puntero a todo lo largo de la campaña.

El ánimo mismo de los contendientes lo revela. Por ejemplo, el video difundido en redes sociales en el que Ricardo Anaya comenta a su círculo inmediato que dentro del PAN habrá una cargada en su contra después de la elección, dando por descontado que le espera la derrota.

En el cuarto de guerra del PRI, en cambio, el grupo en torno a Meade y Aurelio Nuño mantiene la convicción del milagro que habrá de llegar en el último momento. Una esperanza que no se alimenta más que de su propia obsesión. A principios de año aseguraban que López Obrador llevaba dos sexenios en campaña y era más conocido que Meade, pero que tal aventaja se revertiría a mediados de la campaña. Cuando no sucedió, argumentaron que la brecha había comenzado a cerrarse y según sus cálculos alcanzarían al líder de Morena en los últimos días de junio. Como todos sabemos, eso solo sucedió en la cabeza del candidato priista. Hoy le faltan 15 millones de votos para superar su desventaja, algo que ningún mapache está en posibilidades de materializar por más milagroso que parezca.

Hay quien no descarta la posibilidad de que el régimen intente de plano un golpe de Estado: generar un conflicto electoral mayúsculo para declarar nulas las elecciones y que el Congreso, donde por los siguientes dos meses aún existe mayoría priista, designe a un gobierno provisional a partir del 1 de diciembre mientras se convoca a nuevas elecciones. Pero ni siquiera hay ánimo para llevar a cabo este descabellado plan. Todo indica que Enrique Peña Nieto ya no quiere más problemas ahora que sabe que no le espera cárcel ni juicio político. Como afirma el dicho, el ratón ya no quiere queso sino que lo saquen de la ratonera. Los gobernadores priistas y otros funcionarios de alto rango ya no están dispuestos a arriesgarse por alguien que, como Meade y Nuño, ni siquiera es de los suyos.

Se ha dicho que un triunfo de Andrés Manuel López Obrador desestabilizaría al país; pero hoy, día de la jornada electoral, la sensación es justamente la contraria: una derrota del líder de Morena, inesperada e inexplicable, es lo que verdaderamente podría desestabilizar a México. De la misma forma parece opinar el peso mexicano que se ha revalorado frente al dólar en los últimos días pese al triunfo inminente del candidato de oposición. En suma, me parece que los dados están echados. Lo confirmaremos en unas horas.

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