Viernes, 23 de Abril 2021

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Competitividad poco inteligente

Por: Sergio Oliveira

Competitividad poco inteligente

Competitividad poco inteligente

Los humanos somos animales, es un hecho. En teoría usamos la razón y esto nos hace distintos de las demás especies habitantes de este planeta, pero en el tránsito diario esa teoría resulta desafiada por el comportamiento de tantos que hasta pareciera que son mayoría, aunque eso sería una catástrofe. Con frecuencia usamos nuestro instinto sobre la razón, nuestra competitividad sobre nuestra inteligencia. Los ejemplos son varios.

Hace unos días iba camino al aeropuerto y poco antes de la vuelta a la derecha para tomar la avenida de la terminal aérea, ya estaba formada la fila en el carril derecho para dar vuelta, lo que es normal. En el carril central, un taxi intentaba entrar a ese carril. Tenía la luz de dirección encendida, lo que se agradece por educado y tan poco común. Pero ahí entró, tanto en él como en el Jetta que iba delante de nosotros, esa competitividad ridícula. El Jetta, obviamente, no lo dejó entrar en la fila, tal vez porque se sentiría “menos” si alguien lo rebasara, incluso cuando ya había decenas de autos delante de él, como siempre hubo y habrá. Uno más, sin embargo, no le parecía aceptable. El Aveo tampoco quiso ver que la opción para entrar a la fila estaba justo detrás del Jetta, en el espacio que precisamente dejábamos nosotros para que él tomara el carril. Su decisión fue pisar a fondo, rebasar a cerca de cinco vehículos -entre ellos un autobús- y forzar su entrada en el espacio entre dos autos que estaban más cerca el uno del otro de lo que deberían. Estuvo a punto de producir un accidente, que afortunadamente no ocurrió.

¿Animales racionales?

Hace muchos años conducía yo mi Vochito en Recife, Brasil. Iba delante de un amigo que también venía en su Vocho, pero él quería rebasarme y le abrí el paso. Lo hice porque me nació hacerlo, no por consciencia ni por educación, tengo que confesar. Cuando ambos subimos a un puente, un tercer Vocho que venía en sentido contrario perdió el control y chocó contra el auto de mi amigo. No fue un choque grave, más bien fue un raspón entre las salpicaderas izquierdas de ambos. Los dos coches se detienen, platican, llaman sus seguros y mientras esperábamos todos por que se resolviera el tema mi amigo me comentó: “Ese choque te tocaba”. “Puede ser”, le contesté, “pero quien chocó fuiste tú”.

Es natural que de manera instintiva queramos mirar solo hacia adelante. Tan es así que en los aviones, las instrucciones de seguridad nos recuerdan que la salida de emergencia más cercana puede estar detrás de nosotros. Sería muy importante que al conducir nos acordáramos de eso. Porque el cambio de carril, involuntario o no, es una de las maniobras más peligrosas en las calles y más en vías rápidas. Si tuviéramos todos la consciencia de tomar nuestro carril con tiempo, disminuiríamos mucho la probabilidad de sufrir y causar un accidente.

También pasa cuando por falta de paciencia algunos rebasan en curvas sin ver si viene o no algún vehículo en sentido contrario. Mi madre casi perdió su vida una vez en un accidente de ese tipo al encontrarse con un irresponsable rebasando a un camión.

A muchos nos encanta manejar. Acelerar un buen coche, sentir su respuesta al rebasar, su estabilidad al entrar en una curva, el poder de sus frenos para ajustar la velocidad y entrar a una curva más, es un placer como pocos. Pero el lugar para hacerlo velozmente es un autódromo. En las calles lo que estamos haciendo es poner en riesgo nuestra vida y la de los demás. Y esto no me parece un comportamiento de un animal racional.

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